Hay quienes viven de la trampa. De ponerle el pie a otros para ellos o ellas trepar, incluso aunque para aquello corresponda vender a sus amigos, o a sus propias madres. Son hechos. Desde la psicología, se aborda el comportamiento de quienes buscan aplastar como mecanismo para la obtención de beneficio personal, como un sentimiento de inferioridad, baja autoestima, dificultad en la regulación emocional o un trastorno de la personalidad como el antisocial. Y aquí, la empatía es nula y abunda la frustración y la transferencia de inseguridades y defectos propios hacia el otro.
Apareció en 2019 The Good Liar o El buen mentiroso, una película que tiene suspenso, drama y picardía que entretiene. Dirigida y producida por Bill Condon y escrita por Jeffrey Hatcher, está basada en la novela homónima de Nicholas Searle y está protagonizada por Ian McKellen, quien personifica a Roy Courtnay, un veterano estafador británico que, junto a su socio del negociado Vincent (Jim Carter), convencen personas para que les permitan acceso a sus finanzas. Y estafar.
Y en esa búsqueda de víctimas, llega a Betty McLeish (Helen Mirren), una ex profesora que ha enviudó hace no mucho y que acumula en sus ahorros alrededor de dos millones de euros. Y entonces, con el encanto y optimismo sin mesura propio de los manipuladores, Roy arranca un ciclo de encuentros, engaños, conquistas y traiciones que tienen giros por demás interesantes cuando, por ejemplo, se va descubriendo que Roy no se llama Roy, ni Betty es Betty.
Aunque el final afloja un poco en vértigo y misterio, El buen mentiroso es como un rompecabezas que dura un poco más de 100 minutos. Sus diálogos, paisajismo urbano y ambientación son amables e inmersivos y que, también, son capaces de introducir al espectador en un túnel en donde todo va a la deriva pero que, al encontrar la salida, deja una sensación de vacío. Y allí dan ganas de volver a entrar.
Hoy que hay tantas formas de inquisición, vale darle una oportunidad a El buen mentiroso, una ficción interesante que recién fue añadida al catálogo de Netflix, que no razona por sí sola, pero que ayuda a depurar conceptos para la racionalidad.

Néstor Romero Mendoza
1/12/2025