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Seguridad, economía y realidad: la brecha entre lo que se dice y lo que vivimos
Por: Erick Lasso, Gerente General de KLASS ASESORES @klassasesores
Publicado en 22/01/2026 08:36
Erick Lasso

 Escribo como ciudadano, pero también como empresario, sin tener una posición de análisis frío, sino desde la preocupación real que se vive todos los días; cuando salir de casa, abrir un negocio o simplemente planificar la semana se convierte en un ejercicio de cálculo y precaución. Lo que estamos viviendo es más que una crisis de seguridad; es una sensación constante de fragilidad, que atraviesa la vida cotidiana y el trabajo por igual.

 

En las últimas semanas, el despliegue de fuerzas militares en Guayaquil ha generado una reacción que muchos compartimos, una mezcla de alivio y duda. Alivio, porque ver presencia del Estado en las calles transmite la idea de que alguien está actuando. Duda, porque en el fondo sabemos que esta tranquilidad es temporal. No considero que la medida sea incorrecta, pero no puede ser la única respuesta frente a un problema que lleva años creciendo.

Como ciudadanos necesitamos sentirnos protegidos y como empresarios, requerimos previsibilidad. No se puede invertir, contratar, ni proyectar, cuando todo parece depender del próximo sobresalto. Y ahí es donde empieza una conversación incómoda, pero necesaria. Porque cuando confundimos una reacción inmediata con una solución de fondo, nos estamos contando solo una parte de la historia.

A esto se suma una sensación que se repite en muchos espacios, se habla de estabilidad económica y de cifras que resisten con indicadores positivos. Sin embargo, en la calle, en los comercios, en las empresas, lo que se percibe es otra cosa. Menos consumo, más cautela, más miedo a arriesgar. Ese desgaste no suele aparece en los números oficiales, pero se siente con fuerza en las decisiones diarias. Y cuando la experiencia no coincide con el discurso, la confianza empieza a romperse.

La inseguridad no se limita a lo que vemos en las noticias, va más allá del crimen organizado o la violencia visible. Hay otra dimensión que muchas veces preferimos no mirar, es la corrupción que debilita al Estado, desde adentro. No busco como empresario señalar a un gobierno o a una ideología, pero considero que se deberían reconocer las malas prácticas que se repiten en el tiempo y que terminan afectándonos a todos. Recursos que no llegan, controles que fallan, responsabilidades que se diluyen.

Para quienes hacemos empresa en este contexto, la sensación es clara. Mientras algunos operan al margen de la ley o aprovechan vacíos para evadir obligaciones, la carga recae siempre sobre los mismos, quienes pagan impuestos, cumplen normas y los que intentan sostener empleo en medio de la incertidumbre. Esa desigualdad es más que injusta; desanima y erosiona la confianza en el sistema.

Hay también un silencio que empieza a preocupar. No el silencio del miedo inmediato, sino el de la costumbre. Nos vamos acostumbrando a vivir con riesgo, a reforzar nuestra seguridad privada, cambiamos rutinas y normalizamos lo que no debería ser normal. Como ciudadanos lo aceptamos con resignación, siendo empresarios, lo incorporamos como un costo más, aunque nadie lo reconozca oficialmente.

Hablar de esto no es alarmismo, es responsabilidad. La seguridad no se construye solo con presencia militar, ni con cifras tranquilizadoras. Se construye con instituciones que funcionen, con reglas claras y con una conversación honesta sobre lo que estamos viviendo.

Porque al final, lo que queremos va más allá de sobrevivir en medio de la incertidumbre, sino volver a confiar. Y esa confianza no se impone, se construye colectivamente.

 

Erick Lasso

Ingeniero en Administración de Empresas y Máster en Gestión Estratégica y Alta Dirección

Gerente General de KLASS ASESORES - @klassasesores

Columnista www.vibramanabi.com

22/1/2026

 

 

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