Un estudio reciente divulgado por Spiegel informó que dormir una siesta al mediodía puede favorecer el pensamiento y la capacidad de aprendizaje, siempre que se cumplan condiciones precisas de duración y horario.
Christoph Nissen, médico jefe del Departamento de Psiquiatría y director del Centro de Medicina del Sueño de los Hospitales Universitarios de Ginebra, explicó: “Durante el sueño, el cerebro se despeja y da cabida a nueva información”.

Este mecanismo, denominado “reinicio sináptico”, permite asimilar conocimientos, dado que el cerebro solo soporta una carga limitada y requiere ese descanso para rendir de forma óptima. Este proceso es fundamental para mantener la mente alerta y lista para desafíos complejos.
Según Spiegel, la investigación realizada en Suiza muestra que una siesta breve, después de varias horas de vigilia, prepara mejor la mente para aprender y resolver tareas complejas. Nissen indicó: “Incluso una fase de sueño corta puede poner al cerebro en un estado en el que puede aprender mejor”.
Un estudio conducido en Alemania por equipos de Hamburgo y Berlín en 2025 respalda estos hallazgos: más del 70% de quienes descansaron 20 minutos resolvieron un problema informático, mientras que menos de la mitad lo logró sin siesta.

Duración y momento: claves para la siesta perfecta
Los especialistas destacan la relevancia de la duración de la siesta. Aunque el equipo de Nissen estudió periodos de hasta 45 minutos, él suele recomendar descansos de entre 15 y 20 minutos, por resultar más prácticos y con menor riesgo de efectos adversos.
Investigaciones de la Universidad Flinders de Australia evidencian que siestas de cinco a 15 minutos mejoran el rendimiento cognitivo casi de inmediato, y este efecto puede mantenerse entre una y tres horas.
Superar los 30 minutos aumenta la probabilidad de experimentar aturdimiento al despertar, debido al ingreso en el sueño profundo. Una vez superada esa fase inicial, se observa una mejora sostenida del rendimiento mental, lo que contribuye a un día más productivo y eficiente.
El momento de la siesta resulta clave. Los expertos citados por Spiegel coinciden en que el horario más beneficioso se sitúa a primera hora de la tarde, generalmente entre las 14:00 y las 15:00, en sintonía con el ritmo circadiano.
Dormir más tarde o durante demasiado tiempo reduce la necesidad de sueño nocturno y puede afectar el descanso por la noche. Nissen advierte que quienes dedican una hora al descanso al mediodía deben descontar ese periodo del sueño nocturno.
En las personas mayores, la tendencia a dormir por la tarde puede ser señal de problemas de salud como deterioro cognitivo o enfermedades cardiovasculares, ante lo cual se recomienda consultar al médico.

Precauciones y riesgos de la siesta
Respecto a riesgos y precauciones, los científicos advierten que quienes padecen insomnio no deberían dormir por la tarde, ya que esto puede interferir con el sueño nocturno. La terapia cognitivo-conductual se considera la opción principal para el insomnio crónico, al ayudar a restablecer patrones de descanso saludables.
Las recomendaciones sobre medicación para dormir coinciden en que su uso debe ser ocasional y bajo supervisión médica, ya que algunos fármacos pueden generar dependencia y afectar funciones cerebrales esenciales, como la consolidación de la memoria y la limpieza neuronal. Además, es importante evitar el consumo de cafeína o estimulantes antes de la siesta.

Estrategias históricas y hábitos saludables
Algunas figuras históricas, como Salvador Dalí y Albert Einstein, empleaban métodos para limitar la duración de sus siestas. Según Spiegel, utilizaban objetos como cucharas o llaves que caían al suelo al comenzar el sueño, generando un ruido que los despertaba antes de entrar en fases profundas.
Cuidar los hábitos de descanso diurno, con atención a la duración y sin recurrir indiscriminadamente a medicamentos, puede aportar beneficios concretos para la salud cerebral.
Dormir constituye un proceso tan fundamental y automático para el bienestar del organismo como cualquier otra función biológica indispensable, y cada ajuste positivo puede marcar la diferencia en la calidad de vida.

Con información de Infobae por Fausto Urriste.