
Película independiente, coproducción entre Estados Unidos y Argentina. Hablada en inglés y en castellano, Magic Farm puede evocar en sus pasajes a varios largometrajes y directores, como por ejemplo Harmony Korine, pero nunca pierde su propio estilo. Un pequeño equipo de rodaje de documentales llega de Estados Unidos a Sudamérica, pero termina en la provincia de Buenos Aires por error, debido a una confusión con el nombre del lugar. El documental, que buscaba un fenómeno viral, queda entonces en un callejón sin salida. Deciden entonces buscar algo que lo reemplace y de no encontrarlo, inventarlo por completo.
Esta comedia absurda cambia su tono en diferentes momentos pero acumula la suficiente cantidad de rarezas como para que nunca se vuelva tediosa. Sí es pretenciosa, no se nota, porque parece incluso una parodia de los cineastas independientes. La pequeña pandilla del rodaje se encuentra con un mundo totalmente ajeno y el choque entre culturas queda plasmado en ese entorno tan argentino que podría reconocerse en cualquier lado. Qué la gran Chloë Sevigny sea una de las protagonistas le termina de poner el sello de excentricidad independiente. Buenos personajes y varios hallazgos inusuales colaboran a mejorar la historia. Una rareza divertida que sin estridencias narra los pequeños encuentros y desencuentros de las personas al pasar de forma inesperada por un lugar diferente.

Santiago Garcia
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