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El vicepresidente: más allá del poder (2018)
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 03/04/2026 14:40
SIN FILTRO / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

"Cuidado con el hombre callado. Porque mientras los demás hablan, él observa. Y mientras los demás actúan, él planea. Y cuando finalmente descansan... él ataca."

El vicepresidente: más allá del poder” (2018) es la demostración de eso y más en sus 2h13 minutos. Es una película biográfica estadounidense disponible en Prime Video Ecuador, dirigida y escrita por Adam McKay y protagonizada por Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell, Alison Pill y Tyler Perry. Con drama, intriga y comedia, exhibe parte de la vida de Dick Cheney y sus pasos para convertirse en el vicemandatario más poderoso de la historia de Estados Unidos.

Dick no es un hombre cualquiera. Parece haber sido tallado en la madera más dura y seca de Wyoming. No habla por hablar, sus palabras son sentencias entre las luces y sombras del poder político. La cinta nos lleva desde sus días de una juventud perdida en el alcohol y las peleas de bar hasta los pasillos alfombrados de Washington, donde el silencio es el arma más letal. Y en ese contexto, tras triunfos y fracasos exitosos de Dick, llega a su destino George W. Bush, un hombre que parece estar siempre esperando que alguien le explique el chiste, ofreciéndole la Vicepresidencia de la República. Dick sabe que el poder no se comparte, se devora. Acepta bajo la condición de encargarse de los asuntos supuestamente menores, como la energía, la defensa, la guerra; minucias que Bush, en su infinita ligereza, le entrega como quien regala un juguete roto que ya no le interesa.

Esta obra cinematográfica que Adam McKay nos pone delante es una máscara que se ha fundido con la piel. El simbolismo del corazón de Dick que falla una y otra vez, más que un recurso médico argumental, es la metáfora de un motor que late solo por inercia, un órgano que ha sido sustituido por la voluntad pura, una voluntad de poder que no busca la gloria ni el aplauso, sino la permanencia, el control de los hilos que mueven a las marionetas autodenominadas “líderes políticos”. No obstante, también expresa cómo el lenguaje puede ser retorcido hasta que la tortura sea vista como interrogatorio mejorado y la invasión de un país como liberación. Es la demostración de que la verdad no existe, sino interpretaciones de quienes tienen la fuerza para imponerla, más de las veces, sacrificando la ética en nombre de una seguridad que en realidad es el miedo de los poderosos. Sin embargo, los minutos más potentes del film se dan casi al cierre, cuando el personaje de Dick rompe la cuarta pared y mira a los ojos al espectador, no para pedir perdón, que eso es cosa de débiles y de santos, sino para decirle que él hizo lo que todos querían que alguien hiciera, que mientras los ciudadanos dormían tranquilos él velaba por sus intereses con las manos manchadas de petróleo y sangre. Ese monólogo final es el espejo donde se refleja la propia hipocresía social, pues el vicepresidente no es un monstruo que vino de fuera de la Tierra, sino el producto de un sistema que los humanos alimentan con su indiferencia pues el poder, cuando es absoluto, no necesita justificarse, le basta con existir y con saber que, al final del día, la mayoría volverá a mirar hacia otro lado mientras el mundo arde.

Néstor Romero Mendoza

CEO www.vibramanabi.com

Periodista / Espectador / Asesor de Comunicación Política Estratégica

3/4/2026

 

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