
Perder peso no es solo una cuestión de “comer menos y moverse más”. Según especialistas consultados por Infobae, existen múltiples factores biológicos, ambientales, emocionales y sociales que pueden dificultar el descenso de peso y la capacidad de sostenerlo a largo plazo.
Estos motivos, respaldados tanto por la experiencia clínica como por la evidencia científica, exigen un abordaje integral y personalizado, más allá de la simple restricción calórica.
En la consulta diaria, la médica especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) Marianela Aguirre Ackermann observa que el peso corporal está influido por la genética, mecanismos biológicos que regulan el hambre, la saciedad, el gasto energético y la respuesta del cuerpo después de perder peso.
También intervienen el sueño, el estrés, la masa muscular, los medicamentos, enfermedades de base como la insulinorresistencia, la diabetes o la apnea del sueño, además de la historia previa de peso, el ambiente y la conducta alimentaria.
“El peso es una regulación biológica compleja, no se trata de falta de voluntad”, sintetizó consultada por este medio.
Por su parte, la médica especialista en endocrinología, directora de posgrados en obesidad de la Universidad Favaloro y coordinadora del grupo de trabajo de Obesidad de la SAN, Ana Cappelletti remarcó que “el peso corporal es el resultado de la interacción entre la biología individual, la historia de vida, el entorno y los comportamientos”. Para ella, “pensar que bajar de peso depende solo de ‘comer menos y moverse más’ simplifica en exceso la complejidad del sobrepeso y la obesidad”. Y advirtió que muchos planes fracasan por no ser sostenibles en el tiempo, especialmente aquellos muy restrictivos, o por no contemplar la realidad de la persona: “sus hábitos, emociones, entorno, trabajo y dinámica familiar”.
En este punto, el médico especialista en Nutrición y Obesidad e integrante del Grupo de trabajo en Obesidad de la SAN Martín Giannini enfatizó que los planes tradicionales fallan porque “ponen el foco en el peso, y no en todo lo que llevó a una persona a engordar”. Entre los factores que menciona se encuentran el estrés, la deuda de sueño, fármacos, bacterias intestinales, contaminantes ambientales y la predisposición genética.

A continuación, los especialistas resumieron los principales motivos que dificultan la pérdida de peso y pueden llevar al fracaso de un plan de adelgazamiento:
1- Restricciones extremas y rigidez en la dieta
Para Aguirre Ackermann, “uno de los motivos más frecuentes es la rigidez. Si un plan prohíbe alimentos, baja drásticamente las calorías o deja a la persona comiendo siempre lo mismo, al principio pueden generar entusiasmo porque se baja de peso. Con el tiempo aparece el cansancio: trabajo, familia, reuniones, cumpleaños, ansiedad, viajes, hambre, falta de organización y necesidad de volver a comer de una manera que resulte posible”.
Giannini advirtió sobre el peligro de las restricciones severas: “Cuando realizamos dietas de menos de 1.200 calorías es casi imposible cubrir los nutrientes básicos que el corazón, el cerebro y las hormonas necesitan para funcionar correctamente. Además, estas dietas favorecen el descontrol alimentario pudiendo funcionar como disparadores de trastornos de la conducta alimentaria”.
2- No considerar el placer y la sostenibilidad
Aguirre Ackermann sostuvo que “un buen plan no elimina el placer: lo ordena. Ayuda a definir frecuencia, porciones, contexto. La pregunta no debería ser ‘qué alimentos quedan prohibidos’, sino cómo construir una alimentación que cuide la salud y que pueda sostenerse en la vida diaria. La adherencia se construye con flexibilidad”.
Giannini coincidió y aseguró que “el placer debe ser parte del plan, no un extra”. “Nuestro cerebro mientras menos placer tenga, más placer busca, y en un ambiente obesogénico como el que vivimos, la prohibición nos lleva al descontrol”, destacó.
3- Enfoque en el corto plazo y ciclos de dieta
Aguirre Ackermann subrayó: “Otra causa habitual es plantear el descenso de peso como una etapa aislada, con principio y fin. La persona ‘hace dieta’, baja algunos kilos y luego vuelve al mismo entorno, los mismos hábitos, los mismos horarios, el mismo estrés y las mismas dificultades. Si el tratamiento no trabaja sobre esa vida cotidiana, el peso no se sostiene”.
Cappelletti advirtió sobre “los conocidos ciclos de descenso y recuperación de peso, que muchas personas repiten a lo largo de su vida y que pueden tener un impacto negativo en la salud física y emocional”.
4- Estrés, emociones y descanso insuficiente
Para Aguirre Ackermann, “el estrés influye sobre la forma de comer. Puede alterar el descanso, aumentar la búsqueda de alimentos más calóricos, favorece la impulsividad al comer, altera la planificación y baja la energía para sostener hábitos”.
Cappelletti detalló: “El descanso insuficiente y el estrés crónico alteran señales hormonales que aumentan el hambre y la preferencia por alimentos de alta densidad calórica. A su vez, las condiciones hormonales y metabólicas (como la insulinorresistencia, las alteraciones tiroideas o los cambios del climaterio) modifican cómo el organismo utiliza y almacena energía”.
5- Factores biológicos y enfermedades de base
Aguirre Ackermann señaló que “el peso corporal está influido por la genética y por mecanismos biológicos que regulan el hambre, la saciedad, el gasto energético y la respuesta del cuerpo después de perder peso. También intervienen enfermedades de base como insulinorresistencia, diabetes, síndrome de ovario poliquístico o apnea del sueño”.
Cappelletti agregó que “las condiciones hormonales y metabólicas (como la insulinorresistencia, las alteraciones tiroideas o los cambios del climaterio) modifican cómo el organismo utiliza y almacena energía”.
6- Déficit de nutrientes y masa muscular
Aguirre Ackermann advirtió que “si la cantidad de proteína es baja, aumenta el riesgo de perder masa muscular durante el descenso de peso. El músculo no es solo una cuestión estética: participa en el gasto de energía, la fuerza, la movilidad, la respuesta a la insulina y la salud metabólica”.
Al respecto, Cappelletti remarcó que “las dietas restrictivas o desequilibradas pueden generar déficits de vitaminas, minerales y otros nutrientes fundamentales, con impacto en el sistema inmunológico, la salud ósea, la función muscular y el bienestar general”.
7- Ambiente obesogénico y factores externos
Aguirre Ackermann describió: “Vivimos rodeados de porciones grandes, delivery, disponibilidad 24/7 de alimentos altamente procesados, pantallas, estrés, poco sueño, poco tiempo para cocinar y poca actividad física diaria. Decirle al paciente ‘controlate’ en ese contexto no es suficiente”.
En ese sentido, Giannini sumó: “El estrés, la deuda de sueño, fármacos, bacterias intestinales, virus, contaminantes ambientales, genes, son factores de aumento de peso, y deben ser tenidos en cuenta a la hora de hacer un plan para adelgazar”.
Los objetivos realistas y personalizados son esenciales para medir el éxito más allá del número en la balanza, priorizando la mejora de la salud y la calidad de vida (Imagen Ilustrativa Infobae)
Frente a este panorama, los especialistas remarcan que el éxito de un plan de adelgazamiento no se mide solo por los kilos perdidos, sino por la capacidad de sostener un cambio de hábitos que mejore la salud general. Según Cappelletti, “el éxito no depende solo del plan, sino de que esté bien indicado, sea individualizado y, sobre todo, pueda sostenerse en el tiempo”. “Más que pensar en ‘fracaso’, hoy hablamos de procesos que requieren ajustes“, enfatizó.
Aguirre Ackermann consideró que “el verdadero éxito es ganar salud y calidad de vida. Si una persona baja de peso, pero pierde músculo, se deshidrata, come peor, pierde nutrientes, se siente débil o el plan le genera culpa y restricción permanente, no está mejorando su salud”. E insistió en que “los objetivos deben ser personalizados y posibles de sostener”.
Para Giannini, tratar la obesidad como una enfermedad crónica implica “mirar más allá de cuántos kilos haya bajado una persona y enfocarse en los cambios de estilo de vida que pudo hacer, si pudo cambiar su relación con la comida cuando está estresado o no se siente bien de ánimo, si es menos sedentario y pudo lograr un patrón alimentario más saludable, lo que no significa perfecto”.
Un tratamiento efectivo, coincidieron los especialistas, debe contemplar la historia clínica completa, la flexibilidad para adaptar el plan a la vida diaria y el acompañamiento profesional, considerando fármacos o cirugía solo cuando corresponde. Así, se puede construir una estrategia que permita no solo perder peso, sino también mantenerlo y mejorar la salud integral.

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