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El legado que Ecuador no debe olvidar
Por: Érika Vaca Rodríguez.
Publicado en 24/05/2026 11:27
PENSÁNDOLO BIEN / ÉRIKA VACA

Cada 24 de mayo, Ecuador no solamente recuerda la gloriosa Batalla de Pichincha que selló nuestra independencia en 1822. También vuelve inevitablemente a la memoria nacional la figura de Jaime Roldós Aguilera, el presidente que murió trágicamente el 24 de mayo de 1981 y que, para muchos ecuatorianos, sigue representando una de las voces más firmes de dignidad, patriotismo y defensa de la democracia que ha tenido el país. Dos fechas unidas por el destino y por un mismo símbolo: la lucha por un Ecuador más libre, más justo y más humano.

La Batalla de Pichincha no se ganó solamente con armas; se ganó con convicción, con valentía y con hombres que entendieron que la patria debía estar por encima de intereses personales. Ese mismo espíritu parecía reflejarse décadas después en Jaime Roldós Aguilera, un líder joven que hablaba de derechos humanos, soberanía y respeto a la vida en tiempos donde muchos gobiernos de América Latina guardaban silencio frente al miedo y la represión. Mientras otros preferían acomodarse al poder, Roldós decidió hablarle al país con firmeza y enfrentar escenarios complejos con un discurso profundamente humano y nacionalista.

Hoy, cuando Ecuador vive tiempos de confrontación, desconfianza y divisiones políticas, vale la pena preguntarse qué tanto hemos perdido de ese civismo que alguna vez nos hizo sentir orgullo de ser ecuatorianos. Mucho más allá de una bandera partidista, Jaime Roldós representaba algo que hoy parece escaso: coherencia entre lo que se decía y lo que se hacía. En una sociedad donde muchas veces el cálculo político pesa más que el bienestar ciudadano, recordar su legado es recordar que gobernar no debería convertirse en una competencia de ataques, sino en un acto de servicio al país.

La gesta del Pichincha nos enseñó que la libertad exige sacrificio y unidad nacional. Sin embargo, pareciera que en la actualidad nos hemos acostumbrado a normalizar la indiferencia, la corrupción, el odio político y el abandono de valores básicos como el respeto, la honestidad y el amor por la patria. Hoy existen autoridades que hablan mucho de patriotismo, pero pocas veces logran transmitir esa verdadera conexión con el pueblo, esa capacidad de inspirar esperanza y compromiso colectivo que sí dejaron líderes de otras generaciones.

También la sociedad tiene responsabilidades. No podemos exigir grandeza en nuestros gobernantes mientras como ciudadanos permitimos la división permanente, el irrespeto, la desinformación o la pérdida de identidad nacional. El civismo no se demuestra solamente cantando el himno o levantando una bandera en fechas históricas; se demuestra cuidando al país todos los días, respetando leyes, defendiendo la verdad, educando con valores y entendiendo que Ecuador necesita más unión y menos confrontación destructiva.

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

24/5/2026

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