
El fútbol tiene esas cosas. Es un fenómeno donde los hombres corren detrás de un milagro, pero a veces la pelota, que es de cuero pero tiene alma de pájaro, decide simplemente no entrar. En el cemento de Filadelfia, la Selección de Ecuador salió a ofrecerle al mundo su música alegre. Los de Sebastián Beccacece jugaban como quien dicta un testamento de fe en los primeros minutos, robándole el aliento a la poderosa Costa de Marfil. Pero todo se derrumbó, incluido Beccacece. Y en el debut del Mundial 2026 disputado en Filadelfia este domingo 14 de junio, Costa de Marfil derrotó 1-0 a Ecuador con un gol agónico de Amad Diallo al minuto 90.
La derrota quebró un histórico invicto de 19 partidos que ostentaba la selección ecuatoriana. Moisés Caicedo, que juega con el mapa del mediocampo tatuado en las pupilas, manejaba los hilos del destino con la solvencia del obrero que sabe que el mundo se construye con los pies. A su lado, el atrevido John Yeboah se convirtió en un duende indescifrable. Gambeteó a la geografía, amagó a la miseria y, a los 23 minutos, soltó un zurdazo rabioso que tenía destino de gloria eterna. Pero los dioses del estadio son a veces torpes y la pelota estalló contra el travesaño, dejando un eco de lamento que viajó desde Pensilvania hasta la Mitad del Mundo.

Poco después, la misma madera maldita volvió a interponerse entre Ecuador y su felicidad. Pedro Vite filtró una pelota que era un poema para que Alan Minda quedara mano a mano con el guardameta marfileño. Minda definió con la finura de los que saben, pero el travesaño, caprichoso y frío, volvió a escupir la ilusión ecuatoriana. Los africanos, asustados ante tanto descaro, no tuvieron más remedio que apelar a la ley de la fuerza, hachando el juego con tres tarjetas amarillas consecutivas. Al descanso, el marcador era dos ceros gigantes, una injusticia redonda.
En la segunda mitad, el cansancio se instaló en las piernas ecuatorianas como un plomo invisible. La zaga comandada por Piero Hincapié y Willian Pacho —un muro de certezas que sostuvo la noche con un 91% de efectividad en los pases— resistía los embates de los elefantes africanos que empezaban a despertar. Alan Franco se vistió de santo providencial al desviar en la línea un remate que quemaba. Incluso el eterno capitán, Enner Valencia, arañó el metal en el amanecer del complemento, pero la madera ya había dictado su sentencia de negación.
El partido moría en el conformismo de un empate que parecía sellado, ese pacto de no agresión que el fútbol suele castigar. Y el castigo llegó con la crueldad que solo este juego conoce. En el minuto 90, cuando los relojes bostezaban, Wilfried Singo galopó por la banda y sirvió el balón para Amad Diallo. Diallo, que había entrado desde el banco con la frescura de los elegidos, la empujó al fondo de la red ante la estirada inútil de Hernán Galíndez.
Se terminó el invicto de 19 batallas para Ecuador. Los jugadores de la Tricolor se desplomaron sobre el césped, masticando el polvo de la derrota. No perdieron por falta de fútbol, sino porque la pelota, esa tarde, prefirió abrazar la madera antes que la red.
Tras completarse la primera jornada del Grupo E, la tabla de posiciones está liderada de forma absoluta por Alemania, seguida por Costa de Marfil, mientras que Ecuador ocupa provisionalmente la tercera casilla. La contundente victoria de los germanos 7-1 sobre Curazao y el agónico triunfo marfileño 1-0 ante la Tri, provoca que, para mantener vivas las esperanzas de clasificar de forma directa a los dieciseisavos de final (avanzan los dos primeros y los mejores terceros), Ecuador esté obligada a sumar. Los siguientes partidos del grupo serán el sábado 20 de junio: Ecuador vs. Curazao (en Kansas City ) y Alemania vs. Costa de Marfil.
