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Precaución: estos 15 hábitos te predisponen a la prediabetes
Publicado en 23/06/2026 12:54
SALUD
Ilustración de la red / Con información de Infobae / #Vibra #Manabí Pedidos: vibramanabi@gmail.com

La prediabetes es una condición clínica caracterizada por valores de glucosa superiores a los considerados normales, pero inferiores a los criterios diagnósticos de diabetes. La causa es multifactorial. En la mayoría de los casos se produce por la combinación de resistencia a la insulina y una respuesta insuficiente de las células beta del páncreas para sostener valores normales de glucosa. “Por eso, la glucosa elevada no es la causa primaria, sino la manifestación medible de un proceso que compromete la acción de la insulina y la secreción pancreática”, enfatizó Aguirre Ackermann.

La prediabetes tipo 2 forma parte del continuo fisiopatológico de la diabetes tipo 2. La insulinorresistencia puede comenzar años antes del diagnóstico, influida por la predisposición genética, el sedentarismo, la obesidad —especialmente abdominal— y el estilo de vida. La hiperglucemia aparece cuando la célula beta pancreática ya no logra compensar esa resistencia con una secreción suficiente de insulina. Estos son los hábitos y factores cotidianos mencionados por las fuentes que se asocian con mayor riesgo de prediabetes o con aumentos sostenidos de glucosa:

Sedentarismo: la falta de actividad física favorece la grasa abdominal y el exceso de peso, y se asocia con alteraciones en el metabolismo de la glucosa.

Obesidad, especialmente abdominal: el exceso de peso se vincula con resistencia a la insulina y con valores más altos de glucosa en sangre.

Mala alimentación (bajo consumo de frutas y verduras): una dieta con pocas frutas y verduras se asocia con peor calidad nutricional y con alteraciones en los niveles de glucosa.

Preferencia por alimentos con alto contenido graso y de carbohidratos: este patrón alimentario se relaciona con aumentos de glucosa y con mayor riesgo metabólico.

Consumo habitual de bebidas azucaradas: se recomienda reducirlas porque forman parte de los consumos asociados a hidratos de carbono de baja calidad nutricional.

Productos altamente procesados: se aconseja reducir su consumo habitual por su asociación con una alimentación de menor calidad nutricional.

Panificados refinados: se recomienda disminuirlos como parte de la reducción de hidratos de carbono de baja calidad nutricional.

Golosinas y comidas rápidas: su consumo habitual se incluye entre los alimentos a reducir en estrategias de prevención.

Carnes procesadas: se aconseja recortar su consumo habitual dentro de patrones de alimentación de mejor calidad.

Alimentos con exceso de grasas saturadas: se recomienda reducirlos en la dieta por su perfil nutricional menos favorable.

Estrés crónico o mal gestionado: el estrés sostenido se asocia con elevación de glucosa a través de hormonas como el cortisol y la adrenalina. “Cuando el estrés emocional es constante, se vuelve crónico y, con el tiempo, puede provocar problemas de salud”, explicó Rebecca Jaspan, especialista en educación y nutrición para la diabetes a Eating Well.

Sueño insuficiente o de baja calidad: dormir menos de seis horas o tener alteraciones del sueño se asocia con mayor riesgo de diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina.

Deshidratación: al disminuir el volumen sanguíneo, puede aumentar la concentración de glucosa en sangre y elevar el riesgo de hiperglucemia.

Uso de ciertos medicamentos: glucocorticoides, antipsicóticos, estatinas, betabloqueantes, diuréticos, inmunosupresores y terapias hormonales pueden alterar el metabolismo de carbohidratos y favorecer subidas de azúcar.

Confiarse en alimentos “sin azúcar”: la etiqueta “sin azúcar” o “sin azúcar añadido” no garantiza que sean bajos en carbohidratos, que son los responsables inmediatos del aumento de glucosa postprandial.

La prediabetes se vincula con alteraciones en la acción de la insulina y/o en la capacidad del páncreas para secretarla. Los valores de glucosa por encima de lo normal, pero por debajo de los criterios diagnósticos de diabetes, reflejan ese proceso y se asocian con mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.

La insulinorresistencia puede instalarse años antes del diagnóstico. En ese período, el organismo aún puede sostener valores relativamente compensados, hasta que la célula beta pancreática ya no logra responder con una secreción suficiente de insulina para contrarrestar la resistencia periférica. En ese punto, aparece la hiperglucemia como manifestación medible.

En la explicación de los especialistas, el foco no está en “atacar solo la glucosa” como único objetivo, sino en intervenir sobre el proceso que la eleva y sobre los factores que empujan la resistencia a la insulina y el deterioro progresivo de la función beta pancreática.

Según Aguirre Ackermann, “la combinación de descenso de peso y actividad física regular es la intervención con mayor respaldo científico para reducir el riesgo de progresión a diabetes tipo 2”.

Los estudios de prevención mostraron beneficios significativos con una reducción moderada del peso corporal y la realización de al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada.

En alimentación, la evidencia favorece patrones sostenibles y de buena calidad nutricional más que dietas restrictivas específicas. “El patrón mediterráneo es uno de los más estudiados y se caracteriza por un mayor consumo de vegetales, legumbres, frutas enteras, frutos secos, cereales integrales, aceite de oliva y pescado -aconsejó Aguirre Ackermann-. Al mismo tiempo, se recomienda reducir el consumo habitual de bebidas azucaradas, productos altamente procesados, panificados refinados, golosinas, comidas rápidas, carnes procesadas y alimentos con exceso de grasas saturadas o hidratos de carbono de baja calidad nutricional.

Un punto clave es que los beneficios observados en los estudios no dependen de cambios extremos ni de la eliminación completa de alimentos. Los cambios moderados, sostenidos en el tiempo y adaptados a cada persona se describen como más efectivos que intervenciones muy restrictivas y difíciles de mantener.

La prevención de la diabetes se entiende dentro del marco de la medicina del estilo de vida. Además de la alimentación y la actividad física, influyen factores como la calidad del sueño, el manejo del estrés, la cesación tabáquica y la reducción del sedentarismo. El objetivo es mejorar progresivamente el peso corporal, la circunferencia de cintura, la masa y la fuerza muscular, la capacidad aeróbica y hábitos que influyen directamente sobre el riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular.

En el seguimiento cotidiano, los especialistas destacaron que las fluctuaciones en la glucosa forman parte de la fisiología normal, pero que los problemas aparecen cuando el aumento perdura y se aleja de los valores recomendados. En ese enfoque, la vigilancia activa de hábitos permite identificar conductas que elevan la glucosa, consultar a profesionales y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo.

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