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Nuevo estudio identificó que nuestros perrihijos interpretan señales emocionales humanas y que esa capacidad se vincula directamente con su atención, comportamiento y acciones
Publicado en 05/07/2026 11:41
NATURALEZA VIVA
Ilustración de la red / Con información de Infobae / #Vibra #Manabí Pedidos: vibramanabi@gmail.com

Un estudio del Instituto Max Planck con 77 perros y sus dueños mostró que los canes obedecen mejor y aprenden con más facilidad cuando las personas están contentas, un resultado que ayuda a explicar por qué el estado de ánimo de la persona también forma parte del entrenamiento y de la relación cotidiana con el animal, de acuerdo con Álvaro Olivares Moreno, profesor de Etología de la Universidad Complutense de Madrid, en un artículo publicado en la plataforma The Conversation.

La prueba no se basó en emociones fingidas, sino en estados reales inducidos justo antes de repetir una tarea sencilla. Cuando los dueños estaban felices, los perros ejecutaban mejor el ejercicio; cuando estaban tristes, miraban menos y obedecían peor algunas órdenes.

Ese hallazgo apunta a que la explicación de una conducta aparentemente distraída del perro no siempre está en el animal, sino en las variaciones emocionales de la persona con la que trabaja, que pueden alterar su atención y su respuesta.

Cómo cambia la conducta del perro

Los perros llevan miles de años en convivencia con los seres humanos, y durante ese proceso desarrollaron una capacidad muy afinada para interpretar señales sociales. Detectan hacia dónde miramos, perciben cambios en el tono de voz, registran posturas corporales e incluso pueden anticipar algunas intenciones antes de que se expresen de forma verbal.

En algunos experimentos, esa habilidad los ha llevado a superar a chimpancés y otros primates cuando deben interpretar ciertos gestos humanos. Gran parte de esa comunicación ocurre además sin que las personas sean plenamente conscientes de ella.

El experimento buscó responder hasta qué punto los perros perciben las emociones humanas de una manera más cercana a la vida cotidiana. Muchos estudios anteriores habían recurrido a fotografías o a personas que fingían estar alegres, enfadadas o tristes, una limitación importante, ya que esas expresiones simuladas no siempre reproducen con fidelidad los estados emocionales reales.

En este caso, los investigadores enseñaron primero a los animales una tarea concreta: rodear un cono y regresar junto a su dueño. Después, los dueños vieron videos preparados para inducir felicidad, tristeza o un estado neutro, y al terminar reanudaron el trabajo con sus mascotas.

Los resultados fueron consistentes: el mejor desempeño apareció tras los episodios de felicidad. En cambio, la tristeza se asoció con menos contacto visual hacia los dueños y con una respuesta más débil a algunas órdenes.

La investigación respalda que los perros distinguen estados emocionales diferentes y adaptan su comportamiento en función de ellos, aunque sin demostrar que comprendan esas emociones del mismo modo que otro ser humano. Esa diferencia es relevante porque suele interpretarse que, si un can se acerca a una persona en un momento difícil, siente exactamente lo mismo que ella.

El estudio no encontró pruebas claras de que los animales intentaran consolar más a los propietarios tristes, ni mostró un aumento evidente de conductas de ayuda o apoyo.

Lo que el estudio sí permite afirmar es que los perros pueden percibir que algo cambió sin necesidad de experimentar la tristeza o la felicidad como conceptos complejos, y que les basta con registrar variaciones en el comportamiento humano.

Según Olivares Moreno, esta explicación coincide con los cambios que experimentan las personas cuando atraviesan distintos estados de ánimo. Quienes están felices suelen sonreír más, hablar de una manera diferente, moverse con mayor energía, utilizar un tono de voz más agradable y prestar más atención a lo que ocurre a su alrededor.

En cambio, cuando alguien está preocupado o triste, esas señales tienden a modificarse. La voz, los movimientos y la postura corporal cambian, y son precisamente esos gestos los que los perros parecen interpretar con especial precisión.

Ese punto convierte al estudio en una referencia útil para propietarios, educadores caninos y profesionales que trabajan con perros de asistencia. La enseñanza práctica es que el entrenamiento no depende solo de la orden o del ejercicio: el estado emocional de la persona también interviene en el resultado.

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