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Mazel Tov (2025)
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 06/07/2026 08:55
SIN FILTRO / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

La última producción argentina dirigida y protagonizada por Adrián Suar, “Mazel Tov” (2025), disponible en Disney+, se presenta ante el espectador como un artificio melancólico que naufraga en sus propias ambiciones dramáticas. Bajo el plumaje de una comedia de enredos con tintes trágicos, la cinta intenta retratar los abismos de la orfandad y las fricciones de la sangre. Sin embargo, sucumbe ante una alarmante inconsistencia tonal, donde las heridas existenciales de una familia se resuelven con la ligereza de un gag televisivo, privando a la historia de la verdadera catarsis que exige el gran cine.

El largometraje nos sitúa ante los pasos de Darío Roitman (Adrián Suar), un hombre desarraigado que regresa de su prolongado exilio en los Estados Unidos con el único propósito de reencontrarse con su familia en Buenos Aires, con motivo de la boda de su hermana Daniela y el Bat Mitzvá de su sobrina. El destino, implacable y caprichoso, decide demoler sus planes: horas antes de abordar el avión, recibe la noticia de la muerte de su padre, Salomón Roitman. Lo que debía ser un jubiloso retorno se transforma en un claustrofóbico velatorio donde los cuatro hermanos Roitman —encarnados por Suar, Fernán Mirás, Natalie Pérez y Benjamín Rojas— se ven forzados a cohabitar entre el duelo reverente y los deseos de felicidad individual. Darío, en un acto de terca negación, insiste en llevar a cabo las festividades programadas, forzando la convivencia de la tragedia y la celebración bajo el mismo techo colectivo de la tradición judía.

A pesar de la fragilidad del armatoste narrativo, es de justicia rescatar los pilares que sostienen y evitan el colapso de la obra: la química del elenco logra dotar de una genuina efervescencia a las escenas compartidas, simulando una hermandad orgánica que el guion rara vez merece y la recreación de la idiosincrasia y los rituales de la colectividad judeo-argentina ejecutada con un diseño de producción meticuloso, capturando con fidelidad la atmósfera de las festividades y los ritos de pasaje tradicionales.

El mayor error de Mazel Tov (que en hebreo significa “Buena suerte”) radica en su incapacidad para sostener la tensión dramática que propone de partida. La dirección de Suar adolece de una alarmante falta de rigor estético, optando por una iluminación plana y académica que recuerda más a la complacencia de la pantalla chica que al claroscuro del alma humana. El guion de Pablo Solarz plantea interrogantes morales profundos —el resentimiento por el abandono, la codicia filial ante la muerte del patriarca— pero los resuelve mediante huidas cómicas simplistas. Así, la narración carece de la técnica de los vasos comunicantes que integra las subtramas de forma invisible; aquí, los conflictos brotan y se desvanecen de manera episódica, caprichosa y superficial. Es una obra que teme incomodar a su audiencia en Disney+ y, al domesticar el dolor de la pérdida, trivializa la experiencia del luto.

El clímax de Mazel Tov radica en que los Roitman comprenden que la reconciliación no nace de haber sanado las heridas, sino de la resignación compartida. No celebra la felicidad, sino la supervivencia frente a la orfandad; la certidumbre de que el único refugio contra la intemperie del mundo es la caótica e imperfecta complicidad de la familia. Esta no es la mejor obra de Suar. Y, tal vez, tampoco será la peor.

Néstor Romero Mendoza

CEO www.vibramanabi.com

Periodista / Espectador / Asesor de Comunicación Política Estratégica

6/7/2026

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