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Vibra & Salud | Una caminata de 13 minutos a paso rápido, sin pausas, reduce en un 72% el riesgo de desarrollar demencia en el futuro
Publicado en 31/07/2026 10:40
SECCIÓN: SALUD
Ilustración de la red / Con información de Infobae / #Vibra #Manabí Pedidos: vibramanabi@gmail.com

Este hallazgo proviene de un nuevo estudio publicado en la revista Translational Psychiatry que analizó los datos de más de 66.000 personas en el Reino Unido y llegó a una conclusión: no solo importa cuánto se mueve una persona, sino cómo lo hace.

La investigación demostró que las personas que acumulan su actividad física en bloques continuos, sin interrupciones, tienen un riesgo considerablemente menor de sufrir demencia, depresión y ansiedad.

El efecto se mantuvo incluso al comparar personas con el mismo volumen total de ejercicio semanal, lo que indica que el patrón del movimiento tiene un peso propio sobre la salud del cerebro.

El estudio fue elaborado por Collin Sakal, Wenxin Xu, Wei Zhang y Xinyue Li, investigadores del Departamento de Ciencia de Datos del Colegio de Computación de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, en China.

Moverse sin parar protege el cerebro

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada a vigorosa.

Esa recomendación, sin embargo, no distingue si esos minutos se acumulan de una sola vez o repartidos en pequeñas dosis a lo largo del día.

Estudios previos ya habían sugerido que la actividad continua podría ser mejor para la salud del corazón y la longevidad. Si ese principio se aplicaba también a la salud cerebral era una pregunta que aún no contaba con evidencia sólida.

Un antecedente directo fue un estudio realizado en Estados Unidos con 3.820 personas, que encontró que moverse en pequeños intervalos muy interrumpidos se asociaba con más quejas subjetivas de memoria.

Ese trabajo, no obstante, no llegó a analizar diagnósticos clínicos reales de demencia ni trastornos de salud mental.

La dosis que el cerebro agradece

El equipo tomó datos del Biobanco del Reino Unido, una base de datos de salud pública con información de medio millón de adultos de entre 40 y 69 años.

Más de 106.000 participantes usaron durante una semana un acelerómetro en la muñeca, un dispositivo de precisión que registra el movimiento 100 veces por segundo. La muestra final fue de 66.483 personas sin diagnóstico previo de demencia, depresión ni ansiedad.

El equipo registró cuánto tiempo cada persona mantenía una actividad intensa sin interrupciones, como caminar rápido o andar en bicicleta, y con qué frecuencia pasaba de estar activa a estar quieta a lo largo del día. La salud de cada participante se siguió durante un promedio de 7,5 años. Para un subgrupo de 13.108 personas, también se analizaron imágenes de resonancia magnética cerebral.

Los datos mostraron que quienes se movían de forma más continua presentaron un 82% menos de riesgo de demencia, un 57% menos de riesgo de depresión y un 52% menos de riesgo de ansiedad frente a quienes tenían el movimiento más interrumpido. Ese resultado se mantuvo con independencia del total de ejercicio semanal acumulado.

La investigación también identificó una duración óptima para los bloques de actividad intensa. Según consta en el estudio, “el riesgo más bajo de demencia, depresión y ansiedad se produjo para bloques de 13 minutos (72% menor), 36 minutos (52% menor) y 36 minutos (50% menor), respectivamente”.

Un bloque diario de 36 minutos a paso rápido equivale a más de 250 minutos semanales, lo que supera el umbral recomendado por la OMS.

Las imágenes cerebrales reforzaron esos resultados: las personas con movimiento más continuo tenían mayor volumen del hipocampo izquierdo, la región del cerebro vinculada a la memoria, y menos hiperintensidades de sustancia blanca, que son pequeñas lesiones en el tejido cerebral asociadas al deterioro cognitivo.

Un hallazgo adicional involucró al gen APOE4, el factor de riesgo genético más conocido para el Alzheimer. En personas sin ese gen, el beneficio de moverse sin interrupciones llegaba a un punto máximo y luego se estabilizaba.

En los portadores, en cambio, el riesgo de demencia “disminuía de forma progresiva sin un límite observado” a medida que reducían la fragmentación de su actividad.

Los investigadores reconocieron que el método basado en aceleración deja fuera actividades como el entrenamiento de fuerza, y al ser observacional no puede establecer relaciones de causa y efecto. La muestra incluyó participantes de una sola región geográfica, por lo que el equipo consideró que se deberían hacer más estudios en contextos más diversos.

Sin embargo, destacaron los resultados: los bloques de actividad intensa de al menos 22 minutos diarios ya cumplirían el umbral mínimo de la OMS y aportarían beneficios apreciables.

Los estudios futuros, señalaron, deberían usar dispositivos capaces de medir la frecuencia cardíaca de forma continua para una cuantificación más precisa del esfuerzo físico real.

En diálogo con Infobae, el doctor en salud mental Fernando Taragano, secretario de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), dijo: “Este trabajo sobre 66.483 participantes del UK Biobank aporta un matiz valioso: no solo importa cuánta actividad física se hace, sino cómo se distribuye. Realizar la actividad en tramos prolongados y continuos —y no en episodios cortos y dispersos— se asoció a menor riesgo futuro de demencia, depresión y ansiedad, y ese patrón se acompañó de un cerebro estructuralmente más sano".

Para el experto, quien es director médico del Instituto Geriátrico Nuestra Señora de Las Nieves y está a cargo del Protocolo en el Departamento de Docencia e Investigación del Hospital Borda en Buenos Aires, “es un hallazgo biológicamente plausible y coherente con lo que sabemos del ejercicio como protector cerebral. Que moverse es mejor que el sedentarismo está fuera de discusión desde hace tiempo. Lo que este trabajo agrega es el matiz de que, además, conviene hacerlo de corrido”.

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