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La distancia entre un no y un jamás
Por: Erick Lasso - Ingeniero en Administración de Empresas y Máster en Gestión Estratégica y Alta Dirección - Gerente General de KLASS ASESORES
Publicado en 01/09/2026 07:46 • Actualizado 01/09/2026 08:19
COLUMNA DE OPINIÓN: NADIE NOS PARA / ERICK LASSO

Hay palabras que parecen definitivas y, sin embargo, cambian con nosotros. Un sí puede ser decisión, impulso, resignación o miedo a contrariar, mientras que un no puede significar nunca, todavía no, no de esta manera o simplemente no ahora.

El problema aparece cuando creemos que una palabra tiene exactamente el mismo significado para quien la pronuncia y para quien la escucha.

¿Un no es siempre un no? Tendríamos que responder que sí y allí comienza la contradicción, porque si afirmamos que jamás un no puede convertirse en sí tendríamos también que negar el tiempo, las circunstancias, la experiencia y la posibilidad humana de cambiar.

Hay decisiones que deben ser respetadas sin interpretación, ni insistencia, porque un límite pertenece a quien lo establece, pero también existen los no que pronunciamos sobre nosotros mismos.

Nunca volveré, jamás aceptaría eso, no podría empezar de nuevo, y luego la vida ocurre.

Entonces aparece el quizás, una palabra que solemos confundir con indecisión, aunque puede representar algo más honesto. Quizás significa que todavía faltan elementos que necesitamos pensar o que aún no sabemos quiénes seremos frente a una circunstancia que todavía no ha ocurrido.

La dificultad está en que no todos escuchamos las palabras de la misma manera, cada persona entra en una conversación acompañada de su historia, edad, experiencias, pérdidas, logros, ambiciones, temores, personalidad, sus creencias y hasta aquellas referencias simbólicas con las que intenta explicarse a sí misma.

Por eso alguien puede escuchar abandono donde existe prudencia, interpretar duda como rechazo o considerar un quizás como una promesa, cuando finalmente no lo sea.

Dos personas pueden salir de la misma conversación creyendo haber escuchado cosas completamente distintas, uno piensa que fue claro, el otro cree que dejó una puerta abierta; uno dijo jamás porque estaba herido, el otro convirtió ese jamás en una sentencia permanente.

También cambia el peso de nuestras palabras con los años, el nunca de los veinte no es el mismo de los cuarenta, algunas certezas se vuelven preguntas y ligeras preguntas terminan convirtiéndose en convicciones.

Cambiar de opinión no siempre significa incoherencia, muchas veces significa que una realidad nueva produjo una conclusión diferente.

Pero existe una diferencia esencial, podemos cambiar nuestro propio no, pero no tenemos derecho a decidir cuándo debe cambiar el no de otro.

Un no puede convertirse en sí, pero solamente para quien lo pronunció, un quizás puede terminar en sí o convertirse definitivamente en no.

Un jamás puede dejar de ser jamás cuando nadie puede exigirlo, y también ocurre lo contrario; un sí puede dejar de serlo.

Quizá por eso muchos conflictos no nacen realmente de las palabras, sino del significado que deseábamos encontrar en ellas, queremos que el jamás sea todavía no, que el quizás sea casi sí y que el silencio confirme aquello que esperamos.

Comunicarse exige algo más difícil, interpretar sin inventar, preguntar sin invadir, argumentar sin anular y comprender que entender al otro no obliga a convencerlo.

Tal vez necesitemos una gramática distinta para nuestras relaciones, una en la que el sí no sea posesión, el no no sea desafío, el quizás no sea promesa y el jamás no sea una eterna profecía.

Porque las personas tampoco somos palabras aisladas, representamos párrafos, capítulos y hay algunos que nos consideramos ser libros todavía en construcción.

Por eso, antes de intentar convertir un no en sí, conviene preguntarnos qué clase de no hemos escuchado y antes de pronunciar un jamás, quizá debamos preguntarnos si estamos expresando una convicción o protegiéndonos de una posibilidad que todavía nos incomoda.

Al final, quizá la pregunta nunca fue si un no puede convertirse en sí o si un jamás puede dejar de ser definitivo.

La pregunta incómoda es: ¿Cuántas de las palabras con las que hemos definido nuestra vida siguen representando realmente a la persona que somos hoy?

Erick Lasso

Ingeniero en Administración de Empresas y Máster en Gestión Estratégica y Alta Dirección

Gerente General de KLASS ASESORES - @klassasesores

Columnista www.vibramanabi.com

1/9/2026

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