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Una mujer sin pasado (2026), dirigida por Barbara Topsøe-Rothenborg y protagonizada por Natalie Madueño, Claes Bang y Pål Sverre Hagen
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 04/09/2026 10:57
SIN FILTRO: COLUMNA SOBRE PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

Detrás de cada gran fortuna hay por lo menos tres delitos graves cometidos. Louise Andersen (Natalie Madueño) es una mujer que habita el silencio de una cafetería isleña junto a su pareja, Joachim (Pål Sverre Hagen). Ella es un cascarón vacío. Apareció años atrás sin recuerdos, con un nombre genérico metido en su bolso como quien lleva una piedra cualquiera. Pero el pasado, que siempre vuelve, la alcanza y toma la forma de un desconocido, aparentemente. El tipo le anuncia que su verdadero nombre es Helene Söderberg, la heredera ausente de un millonario imperio naviero en Dinamarca. Y ahí arranca su desdoblamiento ante el trauma, pues la amnesia de Helene no fue solamente un accidente sino la intención indirecta de huir y enterrar el horror del ayer. Pero le toca volver a su opulencia, que a su vez es un laberinto con miradas congeladas, secretos familiares y un matrimonio asfixiante con un hombre manipulador y codicioso. El dinero y los barcos de la familia de Louise esconde un complot horrendo que se descubre cuando su marido Edmund (Claes Bang) y la madre de él, Caroline (la antigua secretaria de su padre), fueron quienes orquestaron la ruina y muerte de su papá, Aksel Söderberg, para quedarse con la empresa y el dinero. Y a ella silenciarla, también. Pero la identidad no se encuentra en las actas de nacimiento ni en las propiedades. Está en los afectos y recuerdos que ella decidió rescatar del olvido.

De esto va la película nórdica Una mujer sin pasado (2026), dirigida por Barbara Topsøe-Rothenborg, cuyo guion es una adaptación de la novela homónima de Anna Ekberg, seudónimo bajo el cual escriben los autores daneses Anders Rønnow Klarlund y Jacob Weinreich. Topsøe-Rothenborg ya había adaptado con gran éxito otra obra de este dúo: el retorcido thriller doméstico Amor de adultos (Loving Adults).

Aunque le sobran minutos y parece un thriller convencional, ofrece más de lo esperado, entretiene y engancha hasta meterse entre lo más visto de Netflix por ya dos semanas consecutivas. La puesta en escena utiliza el clima y el aislamiento geográfico nórdico como un acompañante perfecto de la parálisis mental de Helene. Claes Bang tiene magnetismo y su presencia física es inquietante y eleva la tensión de las escenas familiares, sembrando la paranoia constante. Natalie Madueño sostiene la película con una mirada cargada de vacío, logrando que el espectador sienta la angustia de no pertenecer a ningún lado. Sin embargo, su docilidad la vuelve inverosímil como personaje. Acepta pruebas de ADN y regresa a su antigua vida turbulenta con una sumisión que desafía cualquier lógica y sentido común. El clímax se apoya en giros de tuerca telenovelescos (como el pendrive salvador y la caída fatal) que abaratan el drama y suspenso previo. Una mujer sin pasado se estanca a mitad de camino, prefiriendo la repetición de pasillos oscuros y silencios antes que profundizar en la psique real de sus personajes.

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