Valor sentimental es una gran película para charlar en terapia. Y para los que no hacen terapia, una forma de hacerla. Todo el cine, claro, reflexiona sobre la condición humana, sus angustias, deseos, frustraciones y esperanzas. Algunas, como esta, lo ponen sobre la mesa con una idea absolutamente literal de cada uno de esos temas, tan parecido a la vida que no es necesario que sea una película, solo basta con ser un tema de conversación. Nada más tramposo y limitado que el realismo psicológico en el cine. Pero nada está bien o está mal hasta que una película demuestra lo contrario. Valor sentimental se sirve del cine para sus temas y cuando un largometraje expresa más amor por lo que quiere decir que el medio que utiliza para hacerlo, el que pierde siempre termina siendo el lenguaje del cine. Correcta, prolija y absolutamente preparada para los premios, la película le pone a los personajes todo lo que quieren decir y listo. Podría ser un audiolibro, no necesita del cine. Pero sabiendo esto, el director busca darle fuerza cinematográfica. Y lo hace con algunos recursos muy malos que ya habían quedado al borde de la parodia cuando mejores directores los utilizaron sesenta años atrás.
Las raíces nórdicas de la película nos invitan a pensar en Ingmar Bergman, pero más lo hace la forma en la que Trier busca tomar recursos del realizador sueco para dotar a su film de un valor extra. Con virtudes y defectos, Ingmar Bergman tuvo al menos la virtud de hacer el cine que quería hacer, sin ponerle ingredientes obligatorios de la agenda política y de los premios contemporáneos. Todo el dilema moral del director como artista comprometido y su vínculo con Netflix no lleva a ningún lado y solo sirve para que la película caiga en un lugar común y termine contradiciéndose. ¡No será esta crítica el lugar donde se haga una defensa de la plataforma! Qué una película como esta sea tan premiada no habla mal de la película, sino de los premios. Pero seamos adultos, los premios tampoco son obligatorios ni el parámetro artístico de nada. Valor sentimental llega tarde a un lugar ya gastado, no hace ni un solo aporte estético y cae en la trama de jugar con la agenda actual. La casa es preciosa, pero para ver casas hay mejores lugares que esta película. El arte es un medio para reconciliar a las personas y curar las heridas. Esta última oración resume el contenido de la película en su totalidad.

Santiago Garcia
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