
La influencer Magalie Moreau (Adèle Exarchopoulos), cuyo user es Megaloche, se ha hecho famosa por publicar contenidos impactantes en las redes sociales. Pero un grave accidente durante la grabación de uno de sus vídeos la lleva a tomar la decisión de aislarse en un chalet en la montaña con su asistente personal (Jérôme Commandeur) para tomarse un descanso. Sin embargo, la periodista Simone Herzog (Sandrine Kiberlain) que conoce la verdad del incidente la chantajea para guardar silencio a cambio de que le dé una entrevista. Magalie nunca ha dado un entrevista y su temperamento volátil y caprichoso nunca ha sido puesto en crisis por nadie. En qué consiste el accidente, qué por supuesto incluye un piano, no lo sabemos pero es algo que esperamos se resuelva durante la trama. Antes de eso, iremos conociendo quien es la famosa influencer.
La película escrita y dirigida por Quentin Dupieux toca un tema muy actual, el de los influencers, pero no busca caer en la sátira burda y previsible. Casi toda la trama transcurre con pocos personajes, aislados del mundo. Sí queda claro que alguien sin talento alguno se ha vuelto millonario lastimándose en cámara y obteniendo el fanatismo de millones por todo el mundo. La locura de la influencer y también de sus seguidores. Convertida en una estrella en el peor sentido del término, el concepto de resolver fácil las cosas la expone a una trama de la que tal vez no pueda salir. Aunque no evita algunos momentos algo obvios, la gracia de la película está en el minimalismo con el cuál se narra la historia. Magalie usa, sólo porque es su personaje, los mismos brackets de su infancia, aquellos que la hicieron famosa. Luego lleva una vida de millonaria de la que solo vemos su omnipotencia, no sus lujos. La película se toma su tiempo para entrar en su último tercio, pero no es aburrida, solo toma carrera para el desenlace. A pesar de que se supone que es una comedia, el humor negro pesado llega sólo en el mencionado final, donde las cosas adquieren su verdadero tono. La película podría haber tropezado con comentarios fáciles, pero se mantiene aislada para soltar poco a poco sus ideas. Los actores están bien y la puesta en escena tiene la misma pureza. La locura que describe habla por sí misma, no necesita más, sólo un pequeño empujón para entender algo de la locura de los tiempos que corren. Ni peores ni mejores que los de antes, simplemente con formas nuevas.

Santiago Garcia
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