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¿Conveniencias políticas o ideologías?
Por: Lcdo. Mario Mariscal.
Publicado en 23/03/2026 19:27
Mario Mariscal
Imagen generada por Dola IA

La ideología política es, en esencia, un conjunto de ideas, valores, creencias y principios que buscan definir cómo debería organizarse la sociedad y cómo debe ejercerse el poder político. No se trata únicamente de conceptos abstractos, sino de marcos de referencia que orientan decisiones, justifican acciones y dan sentido a los sistemas de gobierno.

Entre sus principales características, destaca que proporciona una visión del mundo y una interpretación de la realidad social, económica y política. Además, ofrece directrices para resolver problemas colectivos y estructurar las relaciones entre individuos, grupos y el Estado. Finalmente, sirve como base para la acción política, tanto para gobiernos como para movimientos sociales y partidos.

Cuando se analizan las grandes corrientes ideológicas, como el liberalismo o el socialismo, sus postulados resultan, en apariencia, profundamente atractivos. El liberalismo promueve la libertad individual, el Estado de derecho y la economía de mercado, mientras que el socialismo enfatiza la igualdad social y una distribución más equitativa de los recursos. En teoría, ambos buscan el bienestar de la sociedad desde enfoques distintos.

Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿en qué punto de la práctica democrática nace el descontento ciudadano que termina señalando a estas mismas ideologías como responsables del empobrecimiento, la desigualdad y la falta de oportunidades en nuestra región?

Una de las principales causas radica en el desgaste entre la teoría y la práctica. Con frecuencia, los gobiernos utilizan el nombre de una ideología para justificar acciones que contradicen sus principios fundamentales. Se tolera la corrupción en lugar de combatirla de raíz, se permite la concentración de la riqueza en pocas manos, se restringen libertades políticas y se gestionan de manera ineficiente los recursos públicos.

En este contexto, las ideologías dejan de ser herramientas de organización social para convertirse en discursos vacíos, utilizados según la conveniencia del momento. Los partidos políticos, y posteriormente los gobiernos, distorsionan estos principios, generando frustración y desconfianza en la ciudadanía.

Una posible salida a este escenario no requiere fórmulas complejas, sino algo más básico y a la vez más escaso: sentido común en la gestión política. Combatir la corrupción con firmeza —donde el corrupto enfrente la justicia sin excepciones— exige voluntad política real, una voluntad que con demasiada frecuencia se diluye en acuerdos y conveniencias.

Las ideologías políticas, en su esencia, no son el problema. El verdadero conflicto surge en su aplicación. Cuando se desvirtúan, dejan de servir al ciudadano y comienzan a perjudicarlo. En ese punto, la política pierde su razón de ser.

Los líderes políticos deberían comprender que, incluso sin violencia directa, sus decisiones pueden afectar profundamente la vida de las personas. Cuando se traiciona la confianza depositada en las urnas, se debilita no solo un gobierno, sino la credibilidad de todo el sistema democrático.

Recuperar esa confianza implica volver a los principios, pero, sobre todo, aplicarlos con coherencia, responsabilidad y compromiso con el bien común.

Lcdo. Mario Mariscal

Periodista / Empresario / Activista social

Columnista de www.vibramanabi.com

23/3/2026

 

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