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La sumisa (1876): orgullo, incomunicación y destrucción mutua
Fui, leí, existí, escribí
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 21/05/2026 21:44
LITERATURA

La vida de Fiódor Dostoievski estuvo marcada por el trauma, la deuda y la cercanía de la muerte. Estos elementos moldearon su carácter y se filtraron directamente en la atmósfera claustrofóbica e infinita de su arte, como en la novela corta La sumisa (1876), una de las obras de psicología criminal y existencial más descarnadas que escribió dentro de Diario de un escritor.

Una joven se ha suicidado. Su esposo, un prestamista y exoficial del ejército, camina desesperado alrededor de la mesa donde yace el cadáver. Por horas, intenta ordenar sus pensamientos para comprender por qué ella tomó esa decisión. A través de sus recuerdos, describe cómo se conocieron cuando ella, una joven huérfana y pobre de dieciséis años, acudía a su casa de empeños. Él, un hombre maduro y resentido con la sociedad, decide casarse con ella. Sin embargo, en lugar de ofrecerle amor y comprensión, instaura un régimen de silencio, frialdad y dinámicas de poder para doblegar su espíritu. La relación se convierte en una guerra silenciosa que culmina en la rebelión de ella, su posterior enfermedad, un atisbo de reconciliación fallida y, finalmente, el trágico suicidio. La profesión del narrador no es casual. La casa de empeños simboliza la mercantilización de las relaciones humanas. El prestamista mide el valor de las personas y de los sentimientos a través del beneficio, la deuda y la propiedad. Intenta "comprar" y "tasar" el alma de su esposa como si fuera un reloj de oro o un abrigo viejo. Ella representa la pureza, la ingenuidad y la dignidad pisoteada. Sin embargo, no es un personaje plano. Su obediencia inicial es fruto de la necesidad, pero ella posee un fuego interno que se resiste a ser apagado. Su silencio final es su última trinchera de resistencia.

En su juventud, Dostoievski fue arrestado por participar en el Círculo Petrashevski, un grupo de intelectuales utópicos. Fue condenado a muerte por fusilamiento. Minutos antes de la ejecución, cuando ya estaba frente al pelotón, llegó el indulto del Zar Nicolás I, conmutando la pena por trabajos forzados en Siberia. Esta experiencia cercana a la muerte le otorgó a Dostoievski una fijación y hasta obsesión absoluta con los últimos minutos de conciencia de un ser humano. En La sumisa, por ejemplo, reconstruye instantes finales de la joven antes de saltar al abismo.

Según registros biográficos, en la década de 1870, mientras Dostoievski editaba Diario de un escritor, analizando con detalles a la sociedad rusa, ocurrió un hecho que lo inspiró. Fue en 1876, cuando leyó la noticia del suicidio real de una costurera llamada María Borísova. Ella se había arrojado por una ventana sosteniendo un ícono religioso. La prensa lo llamó un "suicidio manso" porque no dejó cartas de reproche a nadie. Dostoievski quedó encandilado con la imagen religiosa y la aparente "mansedumbre" del acto. Así, utilizó su creatividad artística no para inventar una historia ni exagerarla, sino para descifrar el misterio psicológico y el drama invisible que la prensa de la época no supo ver detrás de esa tragedia cotidiana.

Vayan por La sumisa, una novela que deleita a la par que incomoda, porque desnuda cómo el orgullo ciego fabrica los peores destinos humanos y que no hay peor castigo que la soledad eterna.

Néstor Romero Mendoza

CEO www.vibramanabi.com

Periodista / Lector / Asesor de Comunicación Política Estratégica

21/5/2026

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