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Por qué Steve Jobs era esquivo a las reuniones de trabajo y pensaba que éstas arruinan a las empresas
Publicado en 28/05/2026 12:33
INSTITUCIONALES & EMPRESARIALES
Ilustración de la red / Con información de Infobae. #Vibra #Manabí #Nipponflex Pedidos: vibramanabi@gmail.com

Steve Jobs sostenía que las reuniones arruinan a las empresas porque interrumpen el trabajo, rompen el impulso creativo y convierten la actividad en una sucesión de conversaciones sin conclusión; por eso defendía encuentros breves, con objetivos acotados, e incluso días completos sin citas internas para proteger el tiempo de concentración.

Jobs era conocido por cancelar reuniones si no se veía el propósito y por preferir el teletrabajo y los encuentros de unos 10 minutos centrados en objetivos específicos. La razón era su rechazo a ese “hablar y hablar” que no desemboca en decisiones y que él describía como una “maldita distracción para los ingenieros”.

La crítica estaba vinculada a una idea más amplia sobre productividad y tamaño de las organizaciones. Jobs defendía que tener menos personas en una empresa ayudaba a preservar la calidad frente a la cantidad, aunque Apple siguió ampliando su escala, con más ventas de iPhone y una oferta cada vez mayor de hardware y servicios.

El argumento más explícito aparece en la biografía Steve Jobs de Walter Isaacson, donde se reproduce una entrevista de 1997. Allí Jobs formulaba su diagnóstico sin matices.

“Las reuniones son una de las peores cosas que existen en la empresa actual. Son terribles. Las reuniones interrumpen el trabajo, rompen el impulso, matan la creatividad. Y son horas y horas de tiempo desperdiciado”, dijo Jobs.

La frase condensa la respuesta central a la pregunta sobre por qué Jobs despreciaba los encuentros de trabajo: para él, una empresa que depende de la creatividad pierde ventaja cuando sustituye tiempo de producción por tiempo de conversación. En ese marco, un día lleno de reuniones equivalía a un día improductivo.

Qué propuso Steve Jobs como una alternativa a las reuniones

La formulación más concreta de esa filosofía aparece en una carta interna de 1986, fechada cuando Jobs dirigía NeXT, la empresa que fundó tras dejar Apple. Según Applesfera, allí escribió que la empresa se fundaba en el principio de que unas pocas personas pueden producir un producto brutal si no están limitadas.

En ese mismo documento, Jobs trasladó la discusión al terreno operativo. “Todos necesitamos tiempo para trabajar individualmente sin interrupciones. Las reuniones (con proveedores, entrevistas...) están reduciendo nuestro tiempo individual y la productividad de nuestros ingenieros está viéndose afectada”.

Ante esta problemática, Jobs propuso: “reservemos todos los jueves como un día sin reuniones de ningún tipo. El jueves es nuestro día, un día en el que metafóricamente cerramos las puertas al mundo exterior y trabajamos tranquilamente de forma individual”.

Cómo era trabajar con Steve Jobs, según extrabajadores de Apple

Trabajar bajo el mando de Steve Jobs en Apple implicaba un nivel de exigencia poco habitual en el sector tecnológico. Los empleados procuraban esquivar situaciones informales con él, como compartir almuerzos o coincidir en el ascensor, por temor a ser sometidos a preguntas directas sobre sus tareas y resultados.

Esta dinámica llevó a desarrollar rutinas para evitar encuentros casuales, porque cualquier momento podía transformarse en una evaluación improvisada. Según excolaboradores, la presión no solo radicaba en responder correctamente, sino en demostrar iniciativa y comprensión profunda del propio trabajo.

Asimismo, la cultura organizacional que Jobs instauró en Apple se caracterizaba por la búsqueda constante de excelencia, incluso en los detalles más mínimos. Su presencia generaba un clima de alerta permanente, donde fallos u omisiones podían ser inmediatamente detectados y cuestionados.

David Black, exingeniero de la compañía, resumió el sentir de muchos colegas: “Nadie quería sentarse a la mesa con él”. Este ambiente de vigilancia constante, aunque impulsó la mejora continua, provocó estrés entre los empleados, quienes debían estar siempre preparados para justificar su aporte a la empresa.

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