Hay tensión, lágrimas y celos que solo se van cuando la próxima víctima entra. Y todo vuelve.

El cine, cuando se olvida de su espíritu y se entrega al comercio, se vuelve como esos pueblos abandonados donde sólo habla el viento. El director Paul Feig, acostumbrado a la ligereza de la comedia, intenta en La empleada (The Housemaid, 2025) dar un giro profesional y meterse en las grietas oscuras del alma humana con la adaptación de la exitosa novela homónima de Freida McFadden publicada en 2022. Y lo logra, cuando lo que vemos en la pantalla son sombras cargando con sus culpas y buscando un lugar donde esconder sus perros muertos.
La historia sigue a “una joven con un pasado complicado que comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester.” Millie (Sydney Sweeney) es una joven mujer recién salida de prisión y desesperada por una oportunidad en la sociedad. Y entra a servir al matrimonio de Andrew (Brandon Sklenar) y Nina Winchester (Amanda Seyfried). La habitación del ático asignada a Millie, que sólo se cierra por fuera, simboliza la represión y el encierro mental de estos personajes y la condena de la que nunca logran escapar. Hay un aire de desierto y piedra en sus rostros. Aunque Nina se presenta inicialmente como una mujer histérica y en absoluto caos destructivo, la trama va revelando que Andrew es el verdadero eje del sadismo en la casa. Se trata de un psicópata narcisista que utiliza el aislamiento y el castigo físico para anular el Yo de sus víctimas.
Así, los espectadores entran por completo en dinámicas de poder atómicas. Nina no es la victimaria, sino la estratega de un elaborado plan de liberación. Ella contrató a Millie sabiendo su pasado violento, usándola como un mecanismo de defensa proyectivo para terminar su relación con el abuso cruel y sistemático de Andrew. La cámara se mueve despacio, como si tuviera miedo de despertar los secretos de esa mansión impoluta pero que huele a dolor y a miseria del espíritu. El clímax llega cuando Andrew termina encerrado en el mismo ático de castigo sufriendo las consecuencias de su propio sadismo, como un ajuste de cuentas estrictamente primitivo. Nina ayuda a Millie a escapar de la policía, y tiempo después, Millie asume el rol de "asistenta justiciera" para otra mujer maltratada. Es el trauma convertido en venganza a causa de una justicia institucional casi siempre inútil y cómplice a través de su silencio.
La empleada, estrenada globalmente a inicios de 2026, ya se encuentra disponible en la plataforma de Amazon Prime Video. ¿Entretiene? sí. Y hasta puede encantar. Principalmente por el cambio de perspectiva a mitad del film, ejecutado con precisión matemática, obligando al espectador a deconstruir sus propios juicios morales sobre quién es la víctima y quién el verdugo. La casa de los Winchester está fotografiada por John Schwartzman como un mausoleo de cristal, usando los espacios limpios pero claustrofóbicos para edificar visualmente la prisión mental de los personajes. La confrontación psicológica inicial entre Nina y Millie sostiene la tensión en los momentos donde el guion flaquea, entregando matices de profunda incomodidad. Sin embargo, Paul Feig no logra impregnar la película de una verdadera autoría visual, recurriendo a efectismos técnicos y a una narrativa plana que depende en exceso de la banda sonora para generar tensión. Desaprovecha también subtramas como el personaje del jardinero Enzo (Michele Morrone), quien queda reducido a un simple elemento de distracción narrativa, carente de peso en la resolución del conflicto.
A pesar de ser una producción de mediano presupuesto (alrededor de 35 millones de dólares), la película se convirtió en un fenómeno viral masivo, logrando recaudar más de 400 millones de dólares a nivel mundial antes de su llegada al streaming. Además de interpretar a Millie, Sydney Sweeney estuvo involucrada activamente como productora ejecutiva del proyecto a través de su compañía, impulsando activamente la fidelidad al material original de la escritora McFadden. Para los fanáticos de La empleada, Lionsgate ya dio luz verde al desarrollo de su secuela titulada El secreto de la asistenta (The Housemaid's Secret), la cual mantendrá a Feig en la dirección.
