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El poder de decir no tengo ganas o no quiero
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 20/09/2026 15:27
COLUMNA: LA ARENGA DEL DÍA / NÉSTOR ROMERO MENDOZA

Nos enseñaron desde siempre que para decir que no había que inventar excusas largas: dolores de cabeza, medias verdades o, de plano, mentiras y fugas imaginarias. Nos acostumbraron a sentir que para negar la presencia hay que presentar pruebas, como si vivir fuera un juicio donde siempre terminamos siendo culpables.

Quizá, la verdad es más sencilla y pesa mucho menos en el alma. Tres palabras breves bastan para devolverte la vida propia: «No tengo ganas». Parece una frase chiquita, pero para quien lleva el cuerpo y la mente cansadas de complacer es una verdadera revolución y evolución.

¿Cuántas veces aceptamos planes que nos rompen la tranquilidad por dentro? Vamos a cumpleaños a los que no deseamos asistir, nos quedamos en reuniones donde hace horas nadie tiene nada que decir, o hacemos viajes larguísimos solo por no quedar mal. ¿Y para qué? Para regresar a casa, agotado y renegando de algo que no fue mejor que la soledad.

El problema no está afuera. El problema es que no te animas a decir que no a tiempo, arrastrado por la culpa al qué dirán. O el compromiso. O el miedo. Es cierto que en la vida hay obligaciones, responsabilidades y trabajos que cumplir. También es verdad que a la gente que se ama se la acompaña y se le ayuda, porque querer a alguien también es hacer un esfuerzo. Pero una cosa es apretar los dientes por amor y otra muy distinta es convertir la vida en un servicio permanente para dar satisfacción ajena.

Tu energía no es infinita y tu tiempo tampoco lo es. Llega un momento en el que hay que aprender a elegir dónde se gasta lo que a uno le queda de fuerza. Decir «no tengo ganas o no quiero» no ofende a nadie ni rompe ningún código. Es, en esencia, decidir tu propio tiempo, tener vida propia.

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