
Más de las veces uno mira la llanura de los quince años, o la cuesta arriba de los cuarenta, y piensa que la vida es nomás este caminar por la tierra templada, arreando los días para que no se nos mueran de olvido. Pero si te callas un momento, si apagas por un segundo el ruido del teléfono o el murmullo de las dudas, vas a oír otra cosa: vas a oír la vida que llevas dentro.
Frente a las incertidumbres que esa vida trae, no te queda más que aferrarte a la sensatez. No puedes andar oyendo ideas peregrinas ni milagros de charlatanes cuando las tormentas te azotan. Porque es así: hay días interminables en el trabajo donde nada sale, donde miras el asunto que te preocupa y ocupa y solo encuentras vacío hasta altas horas de la noche. Sin embargo, es muy probable que, a la mañana siguiente, sacudas la pesadumbre del cuerpo y decidas probar una cosa más. Esa terquedad es la que mueve al mundo. Después de todo, una educación de verdad no es la que te obliga a memorizar datos para un examen; es la que te moldea el carácter y te deja con un hambre limpia y eterna de seguir aprendiendo durante toda la vida.
A ti, que a veces sientes que el futuro es un callejón sin salida o que la gran ciencia se hace solo en países lejanos: ¡no te achiques! No te quedes arrinconado en el conformismo de mirar pasar la vida sin hacer preguntas fuera de tu zona de confort. Tienes que salir. Si tienes que marcharte de tu pueblo o cruzar las fronteras de tu país para ver cómo se vive en otras latitudes, para rozarte con otras culturas y absorber lo bueno que anda suelto por el mundo, hazlo. Pero, cuando puedas, vuelve. Regresa a tu tierra lleno de conocimiento, trae lo mejor que hayas aprendido afuera y siémbralo aquí para enriquecer a tu gente y ayudar a levantar a los tuyos.
Nadie llega a la cima en soledad. Celebra cada pequeño triunfo como si fuera la lluvia que sana la tierra seca. Estudia y trabaja con pasión, duda con rigor y nunca dejes morir la curiosidad. Porque vivir, al final, se trata de eso, quizás: de aprender a cuidar, de tener la humildad para enseñar y del valor absoluto para respetar.
