
Más que una película, Ápex (2026) parece un espejo roto frente a la cara de alguien que olvidó cómo sangrar. En esta danza de paisajes exuberantes, gritos, silencios, luces y sombras, su director Baltasar Kormákur, filma la soberbia de una especie que cree que puede domesticar a su propia especie y a la naturaleza. Y en un mundo que obliga a ganar, Ápex nos enseña la belleza de perderlo todo para, por fin, encontrarnos.
Así va la cosa por 1h35, en Netflix: Sasha (Charlize Theron), una mujer que lleva el corazón blindado por la pérdida, busca en las Blue Mountains de Australia ese silencio que el mundo de los vivos le niega. Pero el silencio tiene dueño. Ben (Taron Egerton), el cazador que no busca carne sino el poder de apagar vidas, la convierte en su juguete, convirtiendo a cada escena, una tras otra, en el duelo entre quien quiere sobrevivir para recordar y quien quiere matar para olvidar que existe. Y cada grieta en la montaña a la que Sasha se aferra con dedos sangrantes es una fisura en su propia memoria tratando de huir de su acosador y descubriendo que el miedo es un músculo que, si no se usa, se pudre. Así, Sasha comprende que la única forma de derrotar a la muerte no es llegando a la cima de la montaña, sino aceptando la caída con el cuerpo cubierto de barro y vida y una certeza: somos apenas un suspiro entre dos nadas.
Aunque previsible, Ápex consigue entretener como un thriller de supervivencia interesante por el nivel que demuestra Charlize Theron y Taron Egerton y su adrenalina rápida. Pero no encantar ni trascender. Hasta ahí.

Néstor Romero Mendoza
CEO www.vibramanabi.com
Periodista / Espectador / Asesor de Comunicación Política Estratégica
18/4/2026