Acabo de volver a Ciudad Alfaro después de algunos años. A primera vista, todo parece igual: el cerro Montecristi sigue verde e imponente. Pero basta mirar con un poco más de atención para darse cuenta de que han pasado cosas, y no precisamente para bien.
La locomotora que trajeron en 2007, en tres tráilers, sigue en su sitio, pero oxidándose. Y Ciudad Alfaro está ahí: no muerta, pero sí descuidada, desmantelada. Se llevaron mobiliario, equipos… pedazos de lo que alguna vez fue. Da la sensación de que quisieron borrarla.
Hoy ya no llegan multitudes, apenas unos pocos visitantes. Quedan más de veinte comerciantes que, pese a todo, se resisten a irse, como si quedarse fuera su forma de sostener la memoria.
En medio de ese panorama aparece una noticia que cambia el ánimo: la Universidad Eloy Alfaro ha decidido hacerse cargo de Ciudad Alfaro. Y eso importa. Porque, de no ser así, en pocos años este lugar habría terminado convertido en un cementerio de concreto y olvido. Habría sido otro arrastre contra Alfaro.

Freddy Solórzano
Escritor / Periodista / Editor Diario La Marea de Manta
23/2/2026