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Liderar un país es mucho más que ser popular
Por: Érika Vaca Rodríguez.
Publicado en 08/06/2026 09:32
PENSÁNDOLO BIEN / ÉRIKA VACA

En los últimos años hemos confundido con demasiada facilidad la popularidad con el liderazgo. En Ecuador parece que cada vez es más común creer que quien tiene más seguidores, más exposición pública o más capacidad para generar reacciones en redes sociales está automáticamente preparado para dirigir una ciudad, una provincia o incluso un país. Pero gobernar no es una competencia de popularidad; gobernar significa tomar decisiones que afectan la vida de millones de personas.

Un líder no se construye únicamente con discursos emotivos ni con fotografías bien producidas. Así como nadie permitiría que una persona sin preparación opere una sala de cirugía por el simple hecho de ser conocida o querida, tampoco deberíamos normalizar que la administración pública quede en manos de personas que desconocen cómo funciona el Estado, cómo se construye una política pública o cómo se administra correctamente el dinero de los ciudadanos. La buena voluntad es importante, pero nunca puede reemplazar al conocimiento.

La gestión pública exige preparación permanente. Requiere comprender las necesidades del barrio, del cantón, de la provincia y del país, pero también entender cómo funcionan los mercados internacionales, la geopolítica, la economía global y los cambios tecnológicos que hoy transforman al mundo. Un gobernante que solo conoce una parte de la realidad termina tomando decisiones incompletas para problemas cada vez más complejos.

El verdadero liderazgo tampoco consiste en decirle a la gente únicamente lo que quiere escuchar. Liderar implica asumir responsabilidades difíciles, corregir errores, escuchar críticas y construir consensos. Muchas veces el mejor líder no es el que más aplausos recibe en el momento, sino el que toma decisiones responsables pensando en el futuro, aunque estas no generen popularidad inmediata.

Ecuador necesita recuperar una cultura política donde el mérito, la preparación y la experiencia tengan valor. Amar al país es fundamental, pero el amor por sí solo no construye hospitales, no mejora la educación, no genera empleo y no resuelve los problemas de seguridad. Para transformar una nación se necesitan equipos técnicos, planificación, conocimiento y una visión clara de hacia dónde se quiere conducir a la sociedad.

Como ciudadanos también tenemos una responsabilidad. Debemos aprender a elegir más allá de las emociones, de las tendencias y de las campañas momentáneas. No se debe confundir fama con capacidad, ahí terminamos entregando nuestro futuro a la improvisación. Ecuador necesita líderes preparados para gobernar, no únicamente personas preparadas para ser visibles. Esa diferencia puede definir el rumbo de una generación entera.

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

8/6/2026

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