
Por aquí el viento no deja de soplar y la vida no hace más que pasarnos de largo si nos quedamos sentados en el portal. Abordemos hoy algo que llaman "alto rendimiento", pero no se crean que eso es solo para deportistas de grandes competencias. Es puro hábito, un entrenamiento invisible que uno carga en el cuerpo y el alma para estar siempre en su mejor forma.
Es que hay épocas en que se nos va la vida queriendo partir la piedra de un solo golpe, buscando un martillo más grande, cuando la ciencia nos dice que hay que golpearla cientos de veces si es necesario, y que la grieta no sale por el golpe ciento uno, sino por todos los anteriores que nadie vio.
A veces uno se paraliza por el miedo, sobre todo cuando nos enfocamos exclusivamente en el resultado e intoxicamos el camino. Si usted solo piensa en ganar, se le olvida jugar, y ahí es donde entra la ansiedad y esa locura que no nos deja ni respirar. La estadística es clara y cruel: menos del 1% de los proyectos pasan de la etapa inicial porque la gente no aguanta el proceso, se rinden antes de que la idea se transforme y les dé respuestas.
La historia nos ha dejado ejemplos sobre cómo habitar la vida, con su parte de ciencia y su parte de sudor. En los Juegos de Londres 2012, Marita Peralta llegó en el puesto 80 en la maratón. Cualquiera diría que perdió, pero ella llegó con una sonrisa de oreja a oreja porque cumplió el tiempo para el que se mató entrenando cuatro años. El éxito no es siempre ganarle al de al lado, sino ganarle al reloj propio. Otro dato más: los Spurs de la NBA armaron una cultura de 20 años. No ganaron siempre, pero se aguantaron el perder sin perder la identidad, golpeando la piedra cada bendito día hasta que volvieron a salir campeones. Eso es paciencia estratégica, algo que casi está dejando de existir en este mundo donde andamos cada día más apurados.
Cuando un equipo o una persona solo se enfoca en "ganar o morir", el camino se vuelve tóxico. La obsesión por el resultado trae consigo miedos exagerados. Si usted no disfruta lo que hace porque solo quiere el trofeo, ya está derrotado antes de empezar. Antes de ganarlo todo, la selección de Argentina de fútbol cambió 10 entrenadores. Messi era el mismo genio, pero no había una cultura de trabajo ni un proceso sostenido. Sin un sistema que potencie el talento, el individuo se agota y el éxito se vuelve un fantasma inalcanzable. Hay que entrenar la mente para fluir (estado de flow) a pesar de las situaciones adversas o de presión. Esto se logra mediante una preparación tan profunda que las acciones se conviertan en hábitos automáticos, permitiendo ejecutar movimientos complejos sin pensar en las consecuencias del fallo.
Hoy todos queremos vidas extraordinarias cada minuto, y eso genera un estrés que nos enferma la mente. No se queden quietos. Estar "escroleando" y viendo la vida de otros nos hace creer que estamos mal, aunque estemos bien, buscando una felicidad que es pura ficción y que nos quita la paz de lo cotidiano. Hay que habitar la vida propia. No importa si tienes 30 o 60 años, la vida da un tiempo para todo, pero hay que moverse. La salud no es solo no estar enfermo, es tener un propósito que lo haga a uno levantarse a solucionar problemas, porque para eso también estamos aquí.
Vamos a sacudirnos el polvo y mirar para adentro. No busquen solo brillar por fuera; busquen los valores y la empatía para no correr carreras individuales donde solo nos estorbamos entre todos. Que el talento, la experiencia, la capacitación, el trabajo constante y, fundamentalmente, el entrenamiento de la mente, nos permitan potenciar el destino. ¡Vibra Manabí, que el camino está ahí!
