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Abandonar la tiranía de la prisa y la pérdida del presente
Por: Néstor Romero Mendoza
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 05/11/2026 16:55
COLUMNA: LA ARENGA DEL DÍA / NÉSTOR ROMERO MENDOZA
Ilustración de Ideas Libres Comunicaciones

El tiempo no se nos escapa por sí solo; somos nosotros los que pasamos demasiado rápido por la vida. Decimos a menudo que los años vuelan y nos asombramos al ver llegar el fin de año casi de golpe, pero el ritmo del tiempo es siempre el mismo. A muchos les ocurre igual que al empleado que atiende un negocio lleno de gente sin parar un segundo: al llegar la noche siente que la jornada se le fue volando.

Vivimos en una carrera continua de anticipación: comemos pensando en el trabajo que nos espera, trabajamos pensando en las vacaciones y pasamos las vacaciones preocupados por lo que dejamos pendiente al regreso. Aguardamos el viernes con ansiedad desde el lunes, y al llegar la noche del domingo nos preguntamos cómo se esfumó el fin de semana.

Esta prisa nos ciega ante las etapas más valiosas de la existencia. Cuando los hijos son pequeños deseamos que crezcan para tener un poco de tranquilidad, pero cuando crecen añoramos con nostalgia el alboroto y la bulla con que llenaban la casa. De jóvenes ansiamos la experiencia de los mayores, y de adultos daríamos lo que fuera por recuperar la hermosa locura de la juventud. Cuanto más intentamos llenar el día de tareas y compromisos, más rápido sentimos que se nos escapa la vida. Estudios en neuropsicología (como los publicados en NeuronUP y el proyecto Cam-CAN) demuestran que intentar hacer múltiples cosas a la vez no aumenta la productividad, sino que fragmenta la atención sostenida, agota la memoria de trabajo y altera nuestra percepción temporal.

Lo triste no es que los días pasen, sino llegar al final de nuestra historia y descubrir que, por estar pensando únicamente en lo que venía después, nos perdimos la mejor parte de lo que estaba ocurriendo hoy.

Quizá hay que detener la mente un minuto, reconocer el día regalado, valorar el trabajo, la familia y la salud, y situarnos con el alma entera en el aquí y el ahora.

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