Offline
Guayaquil: entre la memoria del río y el coraje de su gente
Por: Érika Vaca Rodríguez
Publicado en 24/07/2026 09:48
COLUMNA DE OPINIÓN: PENSÁNDOLO BIEN / ÉRIKA VACA RODRÍGUEZ

¡Felices fiestas mi querida Perla del Pacífico, la tierra de los hermanos del Astillero: Barcelona y Emelec!

Guayaquil este 25 de julio celebrará sus fiestas de fundación, 491 años recordando que esta ciudad no nació para quedarse quieta. El Guayaquil de antaño fue puerto, comercio, madera, río, astillero, carreta, mercado, trabajo duro y palabra firme. Era esa ciudad donde el vecino saludaba desde la puerta, donde el río Guayas era testigo de partidas y llegadas, y donde cada familia aprendía que progresar no era fácil, pero sí posible. Como quien empuja una canoa contra la corriente, el guayaco siempre supo que avanzar exige fuerza, sudor y fe.

El Guayaquil actual es distinto, más grande, más acelerado, más ruidoso y también más desafiante. Hoy conviven edificios, tráfico, comercio, inseguridad, oportunidades, emprendimientos, barrios tradicionales, ciudadelas modernas y familias que llegan desde todos los rincones del Ecuador buscando una nueva vida. Antes se decía “vamos al centro” como quien iba al corazón de la ciudad; hoy Guayaquil tiene muchos corazones latiendo al mismo tiempo: en el norte, en el sur, en el suburbio, en el Guasmo, en Bastión, en Urdesa, en la Bahía, en el Malecón y en cada esquina donde alguien se levanta temprano a trabajar.

Pero hay algo que no cambia: la gallardía del guayaco. Ese espíritu que dice “de ley salimos adelante”, aunque el día venga pesado. Guayaquil es como ese vendedor que abre su local aunque haya llovido toda la noche; como esa madre que cruza media ciudad para llevar a sus hijos a estudiar; como ese joven que emprende desde su casa con una mesa, un celular y muchas ganas. Aquí la valentía no siempre usa uniforme ni sale en discursos: muchas veces camina en chancletas, lleva lonchera, maneja bus, vende en la calle, atiende un negocio o sostiene una familia con dignidad.

El Guayaquil de antaño nos dejó memoria, identidad y orgullo; el Guayaquil de hoy nos exige responsabilidad. Porque amar a la ciudad no es solo decir “qué chévere mi Guayaquil”, también es cuidarla, no ensuciarla, respetar sus espacios, defender su historia, exigir seguridad, apoyar al comercio honesto y no acostumbrarnos a lo que está mal. Una ciudad es como una casa grande: si todos la usan, pero nadie la cuida, se deteriora; si todos la reclaman, pero nadie aporta, se queda esperando. Guayaquil merece ciudadanos que no solo la celebren en julio, sino que la honren todos los días.

Esta ciudad siempre ha recibido a todos. Al manaba, al serrano, al naranjaleño, al amazónico, al extranjero, al emprendedor, al estudiante, al trabajador, al soñador y también al que llegó con miedo, pero encontró aquí una oportunidad. Guayaquil no pregunta de dónde vienes antes de dejarte luchar; te pone retos, sí, pero también te abre puertas. Es una ciudad fuerte, franca, directa, a veces dura como sol de mediodía, pero generosa como mesa familiar donde siempre cabe un plato más. Por eso quien llega y trabaja, tarde o temprano termina diciendo con orgullo: “yo también soy guayaco”.

Hoy, en sus fiestas de fundación, el mensaje cívico debe ser claro: que Guayaquil no pierda su alma. Que la modernidad no borre su memoria, que los problemas no apaguen su alegría, que la inseguridad no le robe su calle, que la política no divida su identidad y que el progreso llegue también a los barrios que más esperan. Guayaquil es historia, lucha, comercio, puerto, abrazo y carácter. Es ciudad de oportunidades, pero también de responsabilidades. Que viva su gente valiente, que viva su fuerza popular, que viva su orgullo grande como el río y firme como su historia. ¡Viva Guayaquil!

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

25/7/2026

Comentarios
¡Comentario enviado exitosamente!

Chat Online