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Cuando el miedo se convierte en silencio, la delincuencia gana terreno
Por: Érika Vaca Rodríguez
Publicado en 28/08/2026 07:24
COLUMNA DE OPINIÓN: PENSÁNDOLO BIEN / ÉRIKA VACA RODRÍGUEZ

En cada localidad hay una pregunta que debemos hacernos como sociedad: ¿hasta cuándo vamos a tener miedo de denunciar aquello que sabemos que está mal? La denuncia ciudadana no es un acto de protagonismo, es una herramienta para romper el silencio y exigir respuestas.

Hablar no significa buscar problemas; significa defender a nuestra familia, nuestro barrio y aquello que durante años hemos construido. Cuando todos callamos por temor, el problema no desaparece: simplemente continúa creciendo en silencio.

Y sí, seamos claros, existen amenazas. Antes de una campaña que sí que te va a pasar esto o que no que esperaremos que pase todo para hacerte daño después de las elecciones y en distintos momentos, hay personas que reciben advertencias precisamente por hablar, informar o señalar situaciones que deberían ser investigadas. Señoras y señores, una amenaza no puede convertirse en una orden para toda una comunidad.

Debemos aprender a hablar directo, a la vena, con responsabilidad y sin convertir la denuncia en acusación sin pruebas. Ser valientes no significa exponernos innecesariamente; significa no renunciar al derecho de pedir ayuda, utilizar los canales institucionales correspondientes y exigir que las autoridades actúen cuando existen hechos que afectan a la ciudadanía.

También tenemos que revisar algo que estamos empezando a normalizar y que debería preocuparnos profundamente. ¿Hasta cuándo vamos a caminar por lugares donde ocurrió un hecho violento como si nada hubiera pasado? ¿Hasta cuándo vamos a observar una escena dolorosa y nuestra primera reacción será sacar el teléfono para grabar, buscando una primicia o convertirse en tendencia por unas horas?

La tecnología puede informar, pero la humanidad no puede desaparecer detrás de una pantalla. Un cuerpo en la vía, una familia destrozada o una escena violenta no son contenido para conseguir unos segundos de atención en redes sociales.

Detrás de cada hecho hay una historia, un hogar y una persona... Y mientras discutimos quién publicó primero una imagen o que andan con la cara larga porque los sancionaron por sacar el micrófono de otro medio en la nota… Las familias enfrentan preguntas que ninguna tendencia puede responder.

La inseguridad tampoco debe acostumbrarnos a vivir en alerta permanente, a cambiar nuestras rutas, cerrar nuestros negocios más temprano o enseñarles a nuestros hijos que determinados lugares son peligrosos porque allí puede ocurrir cualquier cosa.

La ciudadanía tiene derecho a vivir con tranquilidad y a exigir que la seguridad, la prevención y la atención de los servicios públicos sean asumidas como responsabilidades permanentes, no solamente después de una tragedia.

¿De qué sirve esforzarnos durante años para conseguir estabilidad laboral, levantar un negocio, comprar una vivienda, adquirir un vehículo o construir un patrimonio familiar si permitimos que el miedo nos quite hasta la tranquilidad de disfrutarlo? Las estructuras criminales buscan precisamente eso: intimidar, controlar y hacer que una comunidad termine pensando que denunciar no sirve o que es mejor mirar hacia otro lado.

El silencio termina creando un círculo vicioso: ocurre un hecho, nadie habla, no se conoce toda la realidad, no se exige una respuesta y posteriormente vuelve a ocurrir algo similar. Romper ese ciclo requiere ciudadanos informados, autoridades que respondan y medios de comunicación responsables que puedan contrastar los hechos.

Por eso, la denuncia ciudadana debe hacerse con responsabilidad, pruebas cuando sea posible y utilizando los canales adecuados, pero nunca debemos confundir prudencia con silencio absoluto. No se trata de que una persona se enfrente sola a quienes amenazan; se trata de que la sociedad deje de sentirse sola cuando decide hablar. La Constitución reconoce el derecho a la integridad personal y a vivir en una sociedad donde el Estado garantice la seguridad y el ejercicio de los derechos y es verdad que ahorita pareciera que las leyes no sirven para nada, pero en eso nos amparamos porque no todos los jueces, fiscales, abogados o cualquier ente de seguridad es parte de los malos, sí existen personas que luchan por hacer el bien.

Aquí nos debemos preguntar si vamos a seguir normalizando el miedo o vamos a recuperar nuestra voz. Hablar con responsabilidad, denunciar por las vías correspondientes y exigir respuestas no nos convierte en enemigos de nadie. Nos convierte en ciudadanos que todavía entienden cuánto vale su familia, su comunidad y su propia vida.

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

28/8/2026

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