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Los disfrazados de la Discapacidad versus quienes la llevan en la piel
Por: María Cristina Kronfle Gómez - Abogada / Máster en Administración Pública / Activista - @mckronfle
Publicado en 02/10/2026 15:13
COLUMNA DE OPINIÓN: ALGUIEN TIENE QUE DECIRLO / MARÍA CRISTINA KRONFLE GÓMEZ

La primera sesión ordinaria del Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades se realizó el lunes 28 de septiembre y yo entiendo perfectamente que antes de que hubiese sesiones, antes de que hubiese un Pleno funcionando con normalidad, era indispensable que quien había asumido la Secretaría Técnica apenas cuatro meses atrás pudiese hacer un diagnóstico situacional de la institución que estaba recibiendo, porque una cosa es llegar a ocupar un cargo y otra muy distinta es comprender qué institución se recibió, cómo estaba funcionando, qué se había dejado de hacer y, sobre todo, cuánto había que corregir.

El CONADIS quedó convertido en un verdadero desorden y lo digo con la claridad con la que corresponde decir las cosas. Encontré muchísimas barreras, particularmente actitudinales, en una parte importante del personal que había sido incorporado o que se había mantenido durante la administración anterior. No estoy diciendo que todos los servidores sean iguales porque sería injusto hacerlo, pero tampoco voy a fingir que lo que pude observar no existe. Hay personas que llevan muchísimo tiempo dentro de la institución y que parecieran haberse acostumbrado a una dinámica en la que el CONADIS dejó de incomodar, dejó de exigir y terminó administrando la discapacidad con una liviandad que, desde mi perspectiva, resulta incompatible con la dimensión de los derechos que está llamado a proteger.

Incluso durante esta nueva gestión, a la licenciada Mishell Barahona le ha correspondido afrontar acciones de protección relacionadas con personas con discapacidad que buscaban ser reincorporadas a sus puestos de trabajo y aquí existe algo que a mí particularmente me resulta muy difícil de procesar. Estamos hablando de una institución cuyo nombre completo es Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades y, sin embargo, dentro de esa misma institución han existido personas con discapacidad que han sentido que debían defenderse de la propia estructura llamada a proteger y promover sus derechos. Esa contradicción no puede parecernos normal, ni correcta.

Durante mi visita in situ pude mirar mucho más de cerca esta realidad. Llegué desde el domingo y permanecí acompañando distintas actividades institucionales, además, desde que Mishell asumió la Secretaría Técnica hemos mantenido un contacto permanente. El CONADIS tiene serias debilidades en su apoyo técnico/jurídico y, siendo yo abogada, jamás he tenido inconveniente en poner mi conocimiento a disposición gratuita cuando ha sido necesario. Tampoco llego a esta reflexión únicamente desde el activismo. Trabajé cuatro años como directora nacional de asuntos éticos, participación ciudadana y vinculación de grupos de atención prioritaria en la Contraloría General del Estado, conozco lo que significa el control interno, conozco el control previo, el control continuo y el control posterior, y sé que una institución pública no puede administrarse únicamente reaccionando cuando los problemas ya explotaron.

Por eso también he podido acompañar determinados ámbitos de esta nueva gestión y observar cómo se está intentando organizar lo que durante años se permitió que funcionase de otra manera. Vi la pizarra de trabajo, dividida por colores, con los temas, responsabilidades, avances y los pendientes, y me recordó mucho a la forma en que yo misma organizaba el seguimiento en la Contraloría. Quizá parezca un detalle menor, pero para mí no lo es, porque cuando uno entra a una institución y encuentra planificación, seguimiento y objetivos visibles, entiende que existe una intención de dinamizarla y, cuando una organización ha permanecido demasiado tiempo en el letargo, cualquier intento serio por dinamizarla, necesariamente incomoda a algunos.

Eso es exactamente lo que creo que está ocurriendo. Hay personas que se acostumbraron a una Secretaría Técnica anterior cuya exigibilidad fue, por decirlo generosamente, bastante light, personas que parecieron hacer del CONADIS una especie de feudo, acostumbradas a determinados ritmos, a determinadas formas y probablemente también a la certeza de que pocas cosas iban a cambiar. Encontrarse ahora con una mujer fuerte de carácter, determinada, organizada y dispuesta a exigir resultados, evidentemente altera esa comodidad.

Y hay algo que para mí cambió profundamente cuando conocí un poco más de Mishell. Durante algún tiempo yo no terminaba de comprender por qué la discriminación, apatía, ignorancia y las barreras frente a la discapacidad podían indignarla con una intensidad tan parecida a la mía, porque una cosa es cumplir profesionalmente con una responsabilidad y otra muy distinta es que determinadas injusticias te duelan, molesten y te resulten personalmente inaceptables. Después conocí parte de su historia personal. No tengo por qué contarla y no me corresponde hacerlo, es su historia, pero conocerla me permitió comprender por qué esta causa le toca de esa manera y por qué frente a la discriminación, frente a la apatía y frente a la ignorancia que todavía existe alrededor de la discapacidad reacciona con una indignación que yo reconozco porque también la siento.

Y eso, francamente, me alivia, porque sé que tengo una aliada con carácter, propósito, objetivos y con organización, una mujer que entiende que la discapacidad debe ser comprendida 24/7. Por supuesto que los servidores públicos tienen horarios laborales y eso ni siquiera está en discusión, pero trabajar en discapacidad, y mucho más trabajar precisamente en el Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades, exige una sensibilidad diferente. No se puede tener empatía únicamente durante el horario de trabajo para después desprenderse de ella, porque la discapacidad no funciona por horario de oficina.

Por eso me resulta sorprendente que desde una institución se pretenda sensibilizar a otras entidades cuando dentro de ella todavía existen características profundamente deshumanizantes en ciertos servidores. He conocido de servidores con discapacidad evidente que explican que se han sentido acosados, presionados, disminuidos o poco respetados por otros servidores de la misma institución, y yo misma pude percibir apatía en determinados elementos del CONADIS. Para mí eso es impresentable, porque no puedo comprender cómo alguien puede ser parte del equipo humano que habla de sensibilización, igualdad, derechos o eliminación de barreras, si dentro de casa no es capaz de reconocer la dignidad de una persona con discapacidad que trabaja en su entorno.

Por eso le dije con absoluta claridad a Mishell que habrá que depurar lo que deba ser depurado y utilizo la palabra con conciencia de lo que significa. No estoy hablando de perseguir a nadie, ni de desconocer derechos laborales, estoy hablando de que quienes trabajan en el CONADIS tienen que comprender en qué institución están trabajando. Quien no tenga puesta la camiseta de la discapacidad, quien solamente esté disfrazado de defensor mientras con sus acciones reproduce barreras, desprecio, apatía, ignorancia o resistencia frente a las propias personas con discapacidad, tiene un problema de absoluta incompatibilidad con la misión que dice representar.

La discapacidad hay que sentirla en la piel. Eso tampoco significa que solamente una persona con discapacidad pueda trabajar por nuestros derechos, sería absurdo decirlo y Mishell justamente es muestra de aquello, significa que hay que desarrollar una capacidad empática distinta, sensibilidad humana distinta y una comprensión mucho más profunda de lo que significa representar una causa que históricamente hemos llevado hacia reconocimiento de los derechos.

No estamos hablando de una institución de residuos sólidos, de tránsito, de producción o de cualquier otra materia en la cual la discapacidad pueda aparecer transversalmente en algún momento, estamos hablando del Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades y eso cambia completamente la exigencia ética de quienes trabajan ahí. Desde quien recibe a una persona que llega a la institución, hasta quien redacta un informe, tramita un documento, toma una decisión administrativa o representa al Consejo ante otra entidad, tiene que comprender esa responsabilidad. El conserje debe poder relacionarse con sensibilidad con una persona con discapacidad, el guardia debe comprender que las facilidades de ingreso no son favores, el administrativo tiene que conocer que los derechos constitucionales no son literatura decorativa y quienes ocupan cargos técnicos tienen todavía una obligación mayor, porque cada acción u omisión termina proyectando hacia afuera aquello que el CONADIS realmente entiende por igualdad material.

Y ahí también está otra de mis grandes diferencias con la administración anterior. Nunca me gustó esa manera de presentar determinadas gestiones institucionales como si fueran logros personales del secretario técnico, porque los avances del CONADIS no pertenecen a quien ocupa temporalmente la Secretaría Técnica. Cada convenio, acercamiento, política, derecho defendido y cada espacio conquistado, constituye un avance en nombre de la discapacidad. Nadie debería utilizar la causa para construirse un balcón personal desde el cual exhibir méritos propios.

El CONADIS debe volver a ser proactivo, propositivo e incidente, tiene que salir de sí mismo, tiene que poder llegar a las zonas rurales, a las personas con menos recursos, a los lugares donde discapacidad y pobreza continúan encontrándose de la manera más cruel. Una institución consumida resolviendo permanentemente sus conflictos internos, resistencias, egos y sus pequeñas parcelas de poder, termina ocupada mirándose el ombligo, mientras afuera existen personas que ni siquiera saben cuáles son sus derechos.

Por eso sostengo, desde mi experiencia como consejera, abogada, magíster en Administración Pública, como alguien que ha trabajado desde lo legislativo y también desde el activismo social, que QUIENES NO SEAN CAPACES DE PONERSE LA PIEL DE LA DISCAPACIDAD DEBERÍAN IR A MUDAR ESA PIEL DE CULEBRA A OTRO LADO, PORQUE DENTRO DEL CONADIS HACEN DAÑO. Y me refiero, por supuesto, a los malos elementos, a aquellos que resultan incompatibles con la causa y con la lucha histórica de los derechos de las personas con discapacidad.

Podrán existir resistencias, personas convencidas de que determinadas dinámicas internas nunca deben tocarse, podrán intentar desgastar a quien llegue a exigir aquello que antes no se exigía, pero los derechos laborales de los servidores públicos tampoco pueden transformarse en un derecho a obstaculizar la función pública, ni mucho menos en una licencia para perjudicar a las mismas personas cuyos derechos justifican la existencia de la institución.

Mishell y yo hemos coincidido en algo muy sencillo, en casa de herrero no tiene por qué haber cuchillo de palo y, cuando estamos hablando de discapacidad, mucho menos. Si el CONADIS pretende contribuir a cambiar al Estado, primero tiene que depurarse por dentro.

María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle

Abogada / Máster en Administración Pública / Activista

Columnista www.vibramanabi.com

2/10/2026

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